martes, 21 de junio de 2022

Crecer significa prosperar

 

Recuerdo estos días de Julio hace dos años, en medio de todos los exámenes, encerrado en el piso de mi padre con el aire acondicionado puesto y aprovechando la brisa de unos largos atardeceres en medio de una cuarentena y una situación familiar difícil. Miro hacia atrás y no los veo negativos, los veo como una experiencia más en el juego de la vida. Recuerdo que en esa época estaba destrozado, la cuarentena me succionaba el alma, cambió un estilo de vida y una motivación que llevaba dentro de mí muy interiorizada.

Ese año estaba cursando la carrera en Salamanca. Estaba siendo de los mejores años de mi vida. Todavía pienso que será uno de los mejores años de mi vida. Era la primera vez que vivía solo, que me enfrentaba a los problemas que suponen vivir en un piso de estudiantes. Manu fue un gran apoyo para mi en cuanto a la convivencia del piso. Aunque seguramente ambos acabáramos hasta el sombrero del otro, repetiría la convivencia sin duda alguna. Me enfrentaba también a la gestión del dinero, a obligarme a socializar, conocer gente, relacionarme, hacer amigos, explorar una nueva ciudad. Era perfecto.

La cuarentena rompió ese ritmo de vida, destrozó mi nuevo modus vivendi. Me impidió terminar el año, experimentar el final de curso en Salamanca, sus fiestas, la presión de los exámenes en la biblioteca con mis compis, el compartir chocolatinas en los momentos de agobio. Aun así, lo peor fue la despedida. No hubo despedida.

Dos años después, aquí estoy, en otra ciudad; Granada. Encerrado en la biblioteca, con la presión de los exámenes, compartiendo cafés y porquerías, comiendo en el comedor de la universidad y viviendo experiencias similares a las que compartí en Salamanca. Me encanta esto de sentirme activo, de sentirme útil, de indagar en mi persona, de conocer gente, de vivir solo, de conocerme a mí mismo. Pero pronto se acaba. Me quedarán aquí dos semanas como mucho. Volveré a casa, tendré que volver a acostumbrarme a estar con mis amigos, con la gente de mi barrio, a convivir con mis padres y mi hermana, etc.

Es curioso porque, aquí en Granada si me podré despedir de la gente que he conocido. En Granada podré disfrutar de esa experiencia amarga que es el despedirse, el saber que ya no habrá una rutina diaria de biblioteca, cerveza, miradores y tardes y tardes hablando de temas absurdos. Es una experiencia que no quiero conocer, que ya la debería conocer, que dentro de mi hay algo que se niega a aceptarla.

Al final, es algo que forma parte de nuestro paso por el mundo. Crecer, significa prosperar y para prosperar hay que enfrentarse a conocer, a querer, a entablar amistades y a saber despedirse. Crecer es conocerse mejor a sí mismo, ver tus puntos débiles y mejorarlos para que sean fuertes. Romper tus escudos para poder levantarse con menos peso.

Mi paso por Salamanca me hizo crecer. Joaquín, Ainhoa, Emma, Pisi, Manu, Sara, Elena, Ana y mucha más gente, me hicieron y me hacen crecer. Por mi paso en Granada, me hacen crecer Darío, Juanjo, Germán, Antonio, Julia, Ángela, Manu… Ojalá poner todos los nombres aquí, pero no pretendo tampoco hacer una lista de clase, no me gusta ser el delegado. En la distancia, siguen haciéndome crecer mis amigos de Sevilla, del pueblo, mi familia. Mi gente, que sé que cuando vuelva a mi zona de confort estará ahí siempre. He conseguido crear vínculos que no se romperán por una distancia. Que vivir consiste en conocer y en despedirse. Al principio, será un sabor amargo y pasaré una etapa en la que estaré constantemente pensando en volver, ya la conozco. Pero al final, será el tallo de un gran árbol, siendo el tronco toda la gente que voy conociendo en el camino y todas las cosas que uno aprende al vivir fuera de casa. Falta mucho y muchas experiencias, pero ese árbol irá dando unos frutos preciosos, que serán la esencia de lo que llamamos vida.




Enrique Pérez Gutiérrez


miércoles, 1 de junio de 2022

Supongo

 Últimamente cuando me pongo a escribir observo que utilizo mucho la palabra “supongo”. Según Google su definición es identificar una cosa como cierta a partir de unos indicios. Y es que resulta que supongo mucho al pensar, pues creo que todo va a tener una serie de visiones distintas a las que yo veo, las que admito y las que considero. En mí, todo gira en torno a mi realidad y no la de otras personas, por eso nada me parece absoluto. No hay una visión correcta o incorrecta, buena o mala, simplemente hay visiones. Al final todo se resume en una suposición, una creencia o simplemente una opinión. Una opinión tan válida e inútil como son el resto de las opiniones.

Supongo que no vienen tiempos fáciles, tanto para mi como para ti. Para mi comienza junio, mes de exámenes, con ese miedo y presión a tener que aprobar para terminar de una vez la carrera. Después de junio me viene un veranito simpático en el que tendré que terminar el trabajo de fin de grado y sacarme el título de inglés. En mi cabeza es un si o sí. Es decir, no hay otra opción, hay que hacerlo y punto. El “si sale mal…” no lo contemplo. Si sale mal ya lo solucionará el Enrique del futuro. Pero el Enrique del presente tiene claras las ideas por una vez en su vida.

Supongo que estamos pasando por adversidades, momentos en los que toca remar, suben los precios y te bombardean de manera intensiva con noticias negativas. No hay tiempo para descansar. El ser humano está sometido a muchos factores, pero siempre está activo, siempre vuelve a ser lunes. Es algo que llevamos con nosotros. Estamos acostumbrados a las decepciones, las derrotas y las pérdidas. Además, es una costumbre que conforme pasa el tiempo se vuelve rutina. Es difícil, muy difícil hallar eso que los filósofos dicen que es la felicidad. Supongo que no existe un pleno estado constante de felicidad. Supongo que la felicidad son momentos que van cruzándose en tu vida como el que mira un cielo estrellado y de vez en cuando ve pasar estrellas fugaces. Supongo que la vida no es un juego fácil.

Sin embargo, aunque la esperanza sea un arma de doble filo, esas estrellas fugaces que vamos viendo pasar por nuestra vida, son las cosas que nos alimentan. Nos proporcionan endorfina, dopamina, oxitocina y serotonina, unos nutrientes muy útiles que nos permiten seguir.

No todo van a ser cosas bonitas y emocionantes cuando escribo. Siempre me da respeto subir algo más triste, pues me gusta que la gente me vea como un chico simpático, gracioso y alegre. Pero supongo que de vez en cuando mola eso de mostrar tu estado de ánimo real. Si, soy fuerte y valiente, no me va a tumbar un examen, ni una carrera, ni un casi algo. Pero si se está triste, supongo, que tampoco está mal decirlo. Supongo que no es malo enseñar los ojos de Venus, desnudarte, ya no frente a un folio, eso es muy fácil, lo complicado es publicarlo y que pueda leerlo todo el mundo. Supongo que es el día de hoy, que hace mucho calor y que al haber dormido poco he tenido más tiempo para pensar. Supongo que hay días que tener mucho tiempo para pensar y para hablar contigo mismo no es positivo. Hay veces que lo suyo sería tener las neuronas suficientes para no mearte encima y ya. Pero bueno, nada que no se solucione con una hamburguesa y una cerveza.




Enrique Pérez Gutiérrez


Solo es domingo

Hoy siento que es una noche un poco más especial. En realidad, es una noche más del año, pero te hace ser más reflexivo de lo normal. Cumplo...