domingo, 20 de abril de 2025

Solo es domingo

Hoy siento que es una noche un poco más especial. En realidad, es una noche más del año, pero te hace ser más reflexivo de lo normal. Cumplo un año más y no puedo evitar mirar hacia atrás, y más estos días que ha dado la casualidad de que he hablado de cosas del pasado.

Y joder, parece que no, pero ¡cómo cambian las cosas! ¡Cómo cambiamos nosotros! Nuestro círculo interno, nuestros gustos, nuestras conversaciones, nuestras prioridades, nuestros miedos, nuestra forma de querer… todo. Todo cambia en un simple año. En menos incluso, pues no piensas que seas la misma persona en verano que en la siguiente primavera. Dentro de ese cambio, quizás lo que se mantiene es la esencia. Esa esencia que rodea a cada persona en cómo es. En cómo lucha por las cosas. Esa esencia que muestra la belleza y la disparidad de personalidades que tiene el ser humano, que nos hace ser únicos. Y aunque a veces cuesta reconocerse, hay algo reconfortante en saber que seguimos aquí.

Supongo que crecer también es entender que cambiar no significa perderse, sino encontrarse de nuevo, desde otra perspectiva, con nuevas herramientas y con nuevas cicatrices que antes fueron heridas.

Y esas cicatrices, lejos de afear, cuentan historias. Historias de caídas, de decisiones difíciles, de silencios que pesaban, de palabras que no supimos decir o que dijimos tarde. Pero también hablan de valentía, de amor, de resistencia, de empezar de cero sin tener ni putísima idea de cómo hacerlo.

Y es curioso cómo aprendemos a aceptar a regañadientes esas cagadas que constantemente hemos querido esconder. Cómo aprendemos a perdonarnos, a abrazar nuestras contradicciones sin exigirnos ser perfectos todo el rato. A entender que a veces no saber qué estás haciendo también es parte del camino.

Y ahí, en medio del caos, uno empieza a comprender que, para qué vamos a maltratarnos entre nosotros mismos. Si al final, vivir es eso: seguir adelante con lo que sí es, hacer las paces con lo que no fue e improvisar con lo que tenemos. Y aunque a veces el vértigo apriete y parezca que vamos a tropezar de nuevo, caerse siempre va a ser la acción que viene antes de levantarse.

A veces, con una sonrisa. A veces, con lágrimas. Pero siempre con la certeza de que cada paso, por incierto que sea, produce un cambio en nosotros. Porque no es cuestión de llegar a ningún sitio, es simplemente aprender a habitar quienes somos en cada etapa. Y hoy, pues me celebro. Con todo lo bueno y todo lo jodido. Porque sigo aquí. Porque sigo siendo. Porque sigo intentando. Y eso, ya es motivo suficiente.




domingo, 23 de febrero de 2025

El arte de siempre

 

Lo mismo de siempre, me cuesta escribir últimamente. Supongo que la falta de sueño, el cansancio físico y estar patas arriba semana si y semana también están haciendo mella en mis ideítas, que no son pocas. Y es que, qué poderosa es la persona capaz de poner claridad en sus pensamientos y capaz de guardarlos de alguna forma, sea escribiéndolos o contándolos en una canción. Expresándolos de cualquier forma artística, porque si, expresarse siempre ha sido arte.

Desde las primeras manifestaciones que tenemos de la especie humana, esas pinturas rupestres que nos mostraban los miedos, la conciencia y las dudas de los grupos sociales que vivieron aquellos tiempos, hasta la máxima plenitud del Renacimiento. Con historias mitológicas que se llevaban al ámbito personal, con ideas que reflexionaban acerca de nuestra existencia, de Dios, del control del poder, y de la capacidad creativa del hombre. El arte siempre ha sido la simple expresión de una idea, o al revés, una idea que siempre se ha logrado expresar.

Pero yo no sé dibujar, daría vergüenza, por eso escribo y supongo que por eso comprendo mínimamente lo complicado que es desnudarse al exterior. Así, últimamente paso muchísimo tiempo con mi mente, hablando con ella más que nunca y, aun así, es cuando más confuso me encuentro. Siempre ha rondado por mi cabeza la sensación de si estoy o no haciendo las cosas bien. De hecho, seré un pesao, pues constantemente cuando escribo es el monotema del que trato, pero también muestra la evolución de que con los años sigo pensando lo mismo, una y otra vez y no llego a un destino. Y es curioso porque, habiendo estudiado historia, casi todas las propuestas de conversación que circulan entorno a mi círculo académico me dan tirria y pereza; y no me llenan. Son conversaciones que constantemente giran en mirarse el culo a uno mismo, que pretende demostrar que entiende más de las revueltas campesinas de la Edad Media que tú. En cambio, disfruto muchísimo una conversación “vacía”.

Ayer mismo, uno de los compañeros con los que compartí bastantes horas, estuvo contándome experiencias de su trabajo. Unos muchachos que pretendían robar un almacén le amenazaron, pero como él no cobraba lo suficiente, les dijo que hacía la vista gorda, que no iba a detener a nadie ni poner en manos de Dios su salud por ocho euros la hora. ¿Qué hiciste? ¿Cómo te sentiste luego? ¿Le has contado esto a tu familia? ¿En algún momento te has replanteado cambiar de trabajo, o siempre te ha dado miedo dar el salto? Eran las preguntas que rondaban mi cabeza. Y, entre que mandabas a los borrachos que se te acercaban a otra parte, así pasaban las horas muertas.

Recuerdo las tardes de verano al salir de Carrefour, con mis compañeras hablando de las cosas raras que hace la gente en el simple acto de pasar comida por la cinta. “En los tres minutos que he estado pasando la caja, me ha contado su vida, que, si estaba opositando, pero su novio le puso los cuernos, entró en depresión y abrió un negocio”. Y así decenas y decenas de tardes. Conversaciones vacías según algunos, pero llenas de rutina y de experiencias.

Y si me leéis diréis, ¿Qué co*o tiene que ver lo que has contado al principio con esto? ¿Qué tiene que ver el arte?

Pues supongo, de nuevo, que no se contestar ni terminar la conclusión. Creo que la capacidad que tiene el ser humano de hacer cosas simples, rutinarias y banales es lo que forma parte de todo. Que cosas simples puedan llenar el corazón de alguien significa que somos muchísimo más sencillos de lo que nos empeñamos en querer desacreditar. Que no somos seres de luz y únicos, iluminados por una conciencia colectiva mayor y superior. Que todo lo real se muestra en actos sencillos. El esfuerzo de levantarse por las mañanas y superar esa pereza para hacer deporte o para ir al trabajo. Llegar a casa y recibir un cariñoso saludo de tu perro. Sentarte a leer en la misma habitación donde está la persona que quieres, sin tener contacto, estando, disfrutando el momento por el simple hecho de estar. Disfrutar una comida, un paseo, una carrera, un olor. Una misma conversación que tienes día sí y día también, pero que, además, cuando te encuentras con esa persona, la vuelves a tener porque no disfrutas solo la conversación, sino el tenerla con esa persona.

Todo, todo lo que pueda escribir, no es ni una mísera parte de lo que vivimos día a día. De todo lo que vivimos de manera aburrida. De todo lo que pensamos cuando estamos en el autobús camino al trabajo, o de cuando descansamos entre series en el gimnasio, o del tiempo que pasamos caminando, en el tren, etc.

Todo eso, el que es capaz de trasmitirlo, de la manera que sea, es arte. Es el arte de convertir lo de siempre en algo eterno. Describir, un simple abrazo, en sí, me parece una locura. Y no sé, exprimir algo sencillo, hasta llegar a disfrutarlo, es lo que más vamos a vivir, y aprender a disfrutarlo, es un objetivo.


 


Enrique Pérez Gutiérrez

lunes, 21 de octubre de 2024

INFINITO ∞

El infinito. Un concepto que hace alusión a una cantidad sin límite, sin final, lo opuesto a finito. Un concepto que se ha empleado a lo largo de la historia en las matemáticas, en la filosofía, en la astronomía, en muchas disciplinas. Un concepto que hoy en día usamos constantemente.

En Sevilla, mi vista nunca ha tenido infinito. Siempre se ha topado con alguna infraestructura o paisaje que ha puesto límites a lo que se puede ver. Distancias que en una ciudad grande son cortas. Esto es algo que no entiende la gente que ha vivido cerca del mar. Esa mirada que echas hasta perder el horizonte, hasta confundir el agua con el cielo.

En Cáceres, en cambio, si te esfuerzas puedes ver el infinito. No tiene mar ni agua, pero si tiene una explanada que se alarga y se prolonga tantos kilómetros que hace que el ojo humano mezcle los colores del cielo con la tierra. Es la magia de la meseta de la península Ibérica, que genera esa sensación de sentirse tan pequeño, incluso dentro de una ciudad diminuta.

Hace poco me di cuenta de que llevo sin subir lo que escribo más de un año. El tiempo también pasa infinitamente rápido, al igual que las personas cambian infinitamente rápido. Miras atrás y ¡zas! Eras otro. Quizás, creciendo me ha ido dando más igual lo que piense la gente de lo que escribo y en consecuencia, me ha dado pereza subirlo. Pero es cierto que eso contradice la razón por la que escribo. Y es que resulta que la escritura debe ser sincera. Debes desnudar tus sentimientos sin importar lo que otros puedan pensar al leerte. Cada uno puede entender lo que quiera acorde a sus gustos y a mi, lo que me importa es si me gusta escribir o no.

Escribir es algo finito. Tristemente no podemos escribir todo y no tenemos tiempo infinito para escribirlo todo. Mientras que un concepto no tiene límites, el otro, a escala humana, tiene años, días, minutos y segundos que transcurren lentamente hasta que echas la vista atrás. Y la realidad es que hay muchísimas ideas, casi infinitas, que se han perdido por no darle el tiempo necesario para que se mantengan en un soporte. En parte de eso habla la obra de Irene Vallejo (el infinito en un junco), de como toda la historia de la humanidad habría podido ser recopilada para la posteridad y tan solo tenemos un cubo de agua de todo un océano.

Sin embargo, me considero una persona positiva. Infinitamente positivo. Siempre podemos sacar lo mejor de nosotros. Tenemos fin, pero las experiencias, los éxitos, las derrotas, incluso las pequeñas decisiones diarias que tomamos van esculpiendo quiénes somos. Ese es el momento de mirar al infinito; cuando los humanos nos asustamos, cuando vivimos en la incertidumbre. Los que tengan mar que miren al mar, los que tengan tierra que miren el horizonte y los que no, pues miraremos el cielo, o incluso la ropa tendida del vecino. Reflexionamos de lo eterno, de lo ilimitado, de algo que no tendremos, de algo que si los dioses existieran envidiarían de los humanos, pues mirar al infinito es lo que revela nuestro interior. Es la idea de trascender el tiempo y el espacio, de imaginarnos en mil futuros diferentes, ese miedo que despierta en nosotros una sensación de humildad y grandeza.

Claro que voy a seguir escribiendo. Mis ideas no son infinitas, pero soy un torbellino que no puede pararse quieto. Claro que voy a seguir rallándome infinitamente en infinidades de ocasiones. Ni que fuera a pararnos eso. Siempre tendré algo que hacer, y más ahora que vivo en la incertidumbre. Y claro que voy a subir de vez en cuando algo de lo que escriba. Aunque últimamente sea más aburrido y personal. Total, es mi blog, ni que me ganase la vida con esto. El día que me pague un café escribiendo mis estupideces subiré hasta las recetas de cocina que me hago en un piso de estudiantes.





Enrique Pérez Gutiérrez

martes, 22 de agosto de 2023

Los tambores del tiempo

El tiempo, ese concepto que constantemente ronda nuestra cabeza. Ese concepto tan amplio como el mismo universo, infinitamente infinito. Una de las razones que guía nuestra vida y que ha estado presente en la filosofía a lo largo de toda la historia. Ese concepto que, depende en qué pienses, puede definirse de una u otra forma. Por eso decimos que no tenemos tiempo, o que tenemos todo el tiempo del mundo. Decimos que el año se nos ha hecho muy corto, que ayer estábamos celebrando el puente de Andalucía y que mañana estamos apurando los últimos días de vacaciones de verano. Que hace muy poco tiempo, estaba jugando con mis amigos al escondite en la plaza del ayuntamiento del pueblo. Pero que a la vez, ha pasado toda una vida hasta llegar aquí. Qué concepto más increíble y maldito a la vez.

Estuve pensando el otro día en una forma distinta de ver el tiempo, pues aparentemente no es igual para todos los animales. Y es que resulta, que en un documental de Disney+, de éstos que se pone mi padre para echarse una siesta, estuvieron hablando de los latidos del corazón de algunos animales. Qué curiosa forma de medir el tiempo, pues a un simple colibrí, cuya esperanza de vida que es de unos tres a cinco años, le late el corazón unas 2500 millones de veces a lo largo de su vida. ¡En tan solo cinco años! 

Sin embargo, en el polo opuesto, a una gran ballena azul, le late el corazón unas 1000 millones de veces a lo largo de su vida, y eso que vive entre 80 y 90 años. Una esperanza muy parecida a la de los humanos, o a un elefante, que, en sus 80 años de vida, sus latidos superan por poco a los de la ballena.

Qué curiosa forma de medir el tiempo. Medir el tiempo en latidos del corazón. El corazón del humano late unas 100.000 veces al día, que supone unas 35 millones de veces al año. Según la esperanza del ser humano, el corazón latería unas 2500 millones de veces a lo largo de nuestra vida.

Si nos comparamos con otros animales, para vivir más de 80 años, no latimos mucho más que ellos. Los perros o los gatos, o los leones, los tigres, las panteras y muchísimos mamíferos, que tienen una esperanza de vida de unos quince o veinte años, tienen una cifra muy aproximada. El colibrí, casi nos supera, y solo vive cinco años.

Por eso podemos medir el tiempo de una persona en latidos. Cuando hacemos deporte nuestro corazón late más rápido, por eso dicen que los deportistas tienen más años de vida. Al igual que su corazón toca los tambores mas veces.  Cuando nos emocionamos, nuestro corazón late más rápido. Cuando viajamos, cuando disfrutamos, cuando sentimos miedo, cuando nos arriesgamos, cuando queremos, cuando hacemos el amor, cuando nos enfadamos, cuando nos examinamos, cuando probamos una comida nueva, cuando sentimos asco, cuando se nos va un ser querido, cuando volamos, cuando nadamos, cuando nos enfrentamos a nuestros rivales, cuando ganamos, cuando perdemos, ¡cuidado que te aceleras! En definitiva, cuando nos enfrentamos a algo nuevo. Cuando vivimos, nuestro corazón late más rápido. Diría incluso que vivir es algo que nos hace viajar en el tiempo, pues podemos superar esa cifra de 2500 millones de latidos a lo largo de nuestra vida. ¿No recordamos cómo sonaban los tambores de dentro antes de presentar el TFG, o en nuestra primera entrevista de trabajo?. O la alegría que nos dio terminar esa ruta de veinte kilómetros y bebernos una buena cerveza a la vera de un árbol. Tampoco me acuerdo nunca de la velocidad a la que suenan los tambores antes de dar un beso, pero seguro que estoy ganando latidos. 

No existe el tiempo libre, pues el corazón no para de latir hasta el final. Solo existe el tiempo en el que hacemos unas u otras cosas. Que, tomarse un café con otra persona, cuesta veinte mil latidos, y pueden ser muy pocos, o muchos. Y que todo depende de las ganas que tengamos nosotros y nuestro corazón. Al fin y al cabo, perder el tiempo es perder latidos, pero cuando nuestro corazón late más rápido, cuando suenan los tambores más fuerte, estamos viajando al futuro. Estamos ganando tiempo. Estamos superando esos 2500 millones de latidos. 



                                                                                                      Enrique Pérez Gutiérrez 


jueves, 20 de abril de 2023

¿Si fueras una casa, cómo serías?

 

En la antigua Grecia, el “Oikos” era el conjunto de bienes y personas que constituía la unidad básica de la sociedad en la mayoría de las ciudades-estado. El Oikos no solo era el bien material, se incluía también al jefe, el cabeza de familia, la propia familia y hasta los esclavos y mascotas que convivían en el marco doméstico. El concepto de casa (Oikos) ha cambiado. Y mucho.

Ahora no pensamos tanto en los habitantes del espacio como en el espacio en sí. Un conjunto de paredes y un techo que nos permiten amueblar ese terreno que proclamamos nuestro, de nuestra propiedad privada y que tanto cuidamos. El concepto ha cambiado conforme cambia el propio concepto de lo que es el Estado. Ahora incluso vivimos en casas de otras personas, o de entidades, pues las casas ya no pertenecen a un cabeza de familia.

Aun así, no me gusta el significado que ha adquirido esta palabra. La Real Academia Española dice que una casa es un edificio para habitar. Una definición que me parece realmente pobre. El significado de casa puede variar dentro de cada persona. Un ejemplo de ello sería mi antigua casa, esa grande que algunos conocéis de la calle Morsa. Esa casa donde he vivido casi toda mi infancia y adolescencia. Fuas he vivido muchísimas cosas en esa casa. Y tengo muy buenos recuerdos. Quizás a partir de su venta, mi concepto de casa fue cambiando. Mis padres se compraron sus respectivos pisos y, hoy en día, sin yo darme cuenta, nunca digo que “vuelvo a mi casa”. Siempre digo; “voy al piso de mi madre”, “este finde estoy en el piso de mi padre”, etc.

Sin embargo, me he sentido en casa en muchos sitios. Recuerdo mucho el piso de Salamanca. Un piso cochambroso, lo más ruina posible que pudierais imaginar. Las habitaciones lamentables, con el suelo pintado. Fregar ese suelo era más complicado que conseguir plaza en unas oposiciones. Y, aun así, lo recuerdo perfecto. Los momentos que viví allí fueron perfectos. La convivencia con Manu, las tardes de cachimba y películas, las fiestas que nos montábamos, los menús que hacíamos, era genial. No era el piso de nuestros sueños ni mucho menos. Dios me libre de pintar el suelo. Pero aquello si era una casa. Al año siguiente, en Granada, el piso era mejor, una cocina más habitable, un cuarto de baño más decente, un salón increíble y unos compañeros maravillosos.  Ir a molestar a Julia y a Manu era de mis pasatiempos favoritos. O tomarme un refresco en la terraza mientras charlaba con Ángela. Otra casa magnífica. Otros recuerdos que se guardan en un cajoncito del corazón.

De vuelta a Sevilla, estoy en casa, en la casa de mis padres. La convivencia es buena. Aunque es cierto que uno ya quiere vivir fuera. Pero de momento, se que las puertas de ellos están abiertas. La casa de mi madre es una librería. Estanterías llenas, libros en el sofá, libros en las mesas, libros encima de la cama. Es una biblioteca con unas vistas magníficas. Siempre me ha gustado estar rodeado de libros, es algo a lo que le estoy super agradecido a mi madre. En cambio, la de mi padre es más austera. Muchísimo más simple, como él. Una terraza amplia, habitaciones con poca decoración, una televisión muy grande y una cocina muy cómoda. Me encanta esa parte que muestra cada uno de mis padres, que, como todos, atribuyen su personalidad a su casa.

Y es que así somos los humanos. Sea cual sea el significado de “casa”, siempre voy a pensar que en nuestra vida, incluso nuestros bienes materiales privados son reflejo de cómo somos.

Si yo fuera una casa, creo que tendría dos puertas. La puerta delantera estaría frente a una calle concurrida, un paseo lleno de bares y de locales de fiesta. Tendría una fachada bonita y arreglada, a poder ser blanca, para apaciguar el calor del sur. Sería una casa ordenada, con la cama hecha, los cuadros colgados rectos y los libros ordenados alfabéticamente. Tendría las paredes aisladas y un salón amplio para recibir invitados y poder estar hasta altas horas de la noche haciendo ruido. Al lado del salón no podría faltar una cocina espaciosa para disfrutar haciendo pizzas caseras. La puerta trasera, daría a un campo, o una zona tranquila, donde tendría mi porche y mi habitación. Un lugar con silencio, donde solo se escuche lo que yo quiera escuchar. No necesitaría una habitación grande, con una buena cama y un armario decente estaría contento. Ah! y que tenga una escalera. Una escalera para poder hacerme mil fotos como la que muestro abajo. 

Una casa, o cualquier cosa que pueda preguntar, es el reflejo de lo que querríamos ser. Nuestra personalidad, nuestros miedos, nuestra vida. Todo. Hoy os he preguntado que cómo serías si fueses una casa y estos han sido los resultados, aquí sois ustedes los protagonistas:

- "Una casa luminosa, amplia y con azotea, para ver las cosas con cierta distancia y desde arriba, pero con los pies en el suelo 😊😘😘"


 - "Creo que sería una casa de estilo mediterráneo con mucha luz y un patio muy grande".


"Mi prototipo de casa sería una semi autómata (de decoración sencilla) prácticamente conectada a internet y poder hacer la mayor parte de acciones con mínimos gestos/palabras, físicamente un porche en la parte delantera de la casa y en la parte trasera un patio amplio con posibilidad de caseto/merendero, piscina y césped para el veranito. Evidentemente, casa de pueblo".


"Una casa sin ventanas con vistas al mar."


"Una casita de dos plantas en el campo con muros blancos de ladrillo, un jardín y una puerta turquesa."


"Casa gótica porque me gustaría estar lo más cerca de dios🤣"


"Mmmm, un chalecito tranquilo, dos plantas, pero no muy grande, con un jardincito pequeño pero mono. Sencillo todo, pero acogedor jeje"


"Sería un piso bien amueblado, con mucha luminosidad, acogedora, en la que los vecinos no molestarían si haces un poco de ruido y bien situado."


Sería una casita de playa, de estas típicas blanquitas, con cristaleras y muchas plantitas."


"Sería una casa estrecha, de varias plantas e iluminada de balcones repletos de plantas."


"Luminosa, minimalista, con mucho blanco y mucho verde, con techos altos, en un piso alto, pero no muy alto por si me caigo. Con espacios amplios. A poder ser con vistas chulas a la ciudad o a la naturaleza. Que el sol dé durante todo el día por una habitación u otra."


"Sería una casa como la de casa Tarradellas. Una masía acogedora con dos plantas espaciosa y bonita. Con un gran patio para poder jugar y pasarlo bien."


"Casita en lo alto de una colina o cerca la playa, lleno de plantitas, una cocina grande que dé al salón para poder reunir a la gente alrededor, y el suelo de parquet y me gusta mucho la madera para decorar.


- Una casita acogedora en medio del campo con un jardín y con muchos animalitos con una chimenea para el invierno y una piscinita pa verano."


"De una planta y con patio."


- "Seria un piso en el centro con una cocina grande donde se hace pan y entra mucha luz. Y con un póster de FIZZ EN LA ENTRADA HOSTIA."


"Para mi sería una casa de madera entre dos montañas. Con un huerto y algo de ganado. Chimenea y un río pasando cerca."


-"Una casita pequeña pero acogedora, aunque con muchos cerrojos y difícil de entrar, cerca del mar y con una pequeña terraza a la que a veces le da el sol."


"Sería una casa acogedora, no muy grande, cálida y compacta. Con lo básico y una pequeña terracita a nivel del suelo. No de estas futuristas ni súper modernas, pero si de las que te dan esa sensación al llegar de que por fin estás en casa y puedes relajarte. Quizás una segunda planta, pero pequeña, con chimenea."


 - "Tendría una planta… un salón grande y un espacio para animales y otro para ocios varios."


- "De maderita, con ventanas grandes, de una planta con chimenea y en el campito🦦"


- "Sería una casa con mucha luz, grandes ventanales, un jardín amplio sin muchas cosas, una cocina muy grande, minimalista y básica"


- "Sería una casa con mucha luz y acogedora. Una casa en la que habría los domingos algo rico para comer."


-"Con una casa aparentemente pequeñita, como yo, pero inmensa en su interior. Simple, minimalista pero acogedora".


- "Puesssss no sé, quizá tendría un salón con una mesa grande de madera para reunir a la ppl y una chimeneíta bien cozzy JAJAJA."







Enrique Pérez Gutiérrez




viernes, 27 de enero de 2023

Por el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto 2023


Hoy, día 27 de enero, es el día de la conmemoración de las víctimas del Holocausto. En términos hebreos, se menciona como la Shoá, que se traduce como “La catástrofe”. El Holocausto es el genocidio realizado por el régimen de la Alemania nazi contra los judíos.

El Holocausto en realidad es la desembocadura de un proceso que encaminó a cierta parte de la sociedad hacia el racismo, siendo la solución final el extermino judío. Esta decisión nazi, fue llevada a la práctica a principios de la temporada de otoño de 1941, pero tiene unos precedentes.

¿Cómo se llegó a esto? No quiero entrar en los discursos de odio que fueron aceptados por la sociedad alemana, eso sería otro artículo. Pero ¿Cómo se llegó a masificar tanta muerte? Al fin y al cabo, Alemania es el único país de la historia que ha tenido campos de exterminio.

Quiero explicar también qué es un campo de exterminio, porque la gente puede confundir conceptos. Un campo de exterminio no es igual a un campo de concentración, o gulag, o campo de trabajo forzado. Un campo de exterminio en sí es la industrialización de la muerte. A diferencia de un campo de concentración, en el que las condiciones son pésimas, de hecho las más inhumanas posibles, en el que el preso está obligado a realizar trabajos forzados sin ningún seguro y con la posibilidad casi asertiva de morir, un campo de exterminio, directamente está enfocado en eso, la aniquilación de la existencia del personal. La antigua Rusia, China, España, han tenido campos de concentración, gulag y campos forzados de trabajo, pero no de exterminio.

Así pues, estos precedentes del Holocausto, que no sucedió de golpe, podemos verlos en la década de 1932 hasta 1942. Los nazis llegaron al poder en 1933 y no fue hasta 1942 que se construyeron los propios campos de exterminio.

Pero  ¿Cómo llegaron a matar en ese entonces a 11 millones de personas (6 millones judíos) en solo 3 años (1942 -1945)?

Así, vemos un proceso gradual, pues los primeros campos de concentración tan solo eran eso, campos de concentración, con condiciones terribles. Pero no existía una propia maquinaria que asesinara personas en masa.

Antes de esta industrialización, los nazis tenían grupos de personas que se encargaban de realizar las matanzas. Iban por los guetos, por los pueblos, por los bosques, etc. Se reunían a las familias que habían sido atrapadas en un lugar concreto y las masacraban. Estos soldados eran un cuerpo de las SS conocido como los Einsatzgruppen y su misión era la de realizar las matanzas.

Los Einsantzgruppen eran una especie de retaguardia de los soldados regulares. Iban tras sus pasos, conforme la frontera se movía e iban población por población reuniendo las familias, tanto judías como opositoras al régimen y ejecutándolas. Pero esta estrategia tenía un problema. El propio cuerpo de ejecución se veía incapacitado para cometer estas atrocidades. Aquellos que participaban en las matanzas tenían graves secuelas psicológicas. Al fin y al cabo, los nazis también eran personas y muchos solo obedecían órdenes. No es lo mismo estar a favor de la idea de matar judíos que de masacrar tu mismo a las familias judías. El impacto del hecho recae en el que ejecuta la idea, no en el que la apoya.

Así, se llegó a la conclusión de utilizar las llamadas “camionetas de gas” en las que se cometían los asesinatos. En la película de Mar Targarona “El fotógrafo de Mauthausen”, podemos ver perfectamente la estructura de estos vehículos.




Esta estrategia tampoco funcionó. Los soldados no eran capaces de sobrellevar la tarea de extraer cadáveres continuamente.

Al fin, en 1942, se encontró lo que los nazis llamaron “La solución Final al problema judío” y se empezaron a construir cuatro campos de exterminio. El primero de ellos fue Chelmno, ubicado en la Polonia anexada a Alemania, en el Warthegau. Otro de ellos era Majdanek, también ubicado en Polonia. Pero el más grande y conocido era el de Auschwitz- Birkenau, en Polonia, que para 1943, contaba con cuatro camaras de gas. Hasta 8000 judíos eran gaseados cada día en Auschwitz.

En definitiva, se construyó una industria de la muerte. Pero, ¿cuál era la solución a los traumas que adquirían los propios soldados nazis? Estos campos de exterminio, ¿cómo se mantenían? La respuesta es que casi todas las labores con riesgos traumáticos para los soldados, las realizaban los presos.

Los que realizaban esta actividad, fueron conocidos como los Sonderkommando. Es decir, unidades de trabajo forzadas por los nazis. Normalemente eran judíos obligados a colaborar en las actividades de los campos de exterminio. Salvo administrar el gas y vigilar, los sanderkommando realizaban todo lo demás. Por ejemplo, en Auschwitz, el pesticida Zyklon B, es decir, el gas que se usaba para el exterminio, se administraba a las cámaras desde el techo, a través de unas columnas. El encargado de esto, un soldado nazi, tan solo abría una escotilla, suministraba el gas y cerraba. El resto, es decir, limpiar los cuerpos, era tarea de los presos que después iban a morir.

Es triste pensar en cómo el humano llegó a esto. La propia palabra industrialización, implica masividad. Si añadimos el término muerte, industrialización de la muerte, puede ser el término más negativo, en mi opinión, que ha existido en la faz de la tierra. Hablamos de la industria del cadáver.

En el momento que el régimen cayó y los liberadores encontraron aquellos campos, las imágenes que tuvieron que ver aquellas personas deben ser desoladoras. El suelo sembrado de cadáveres, no tengo datos de las fosas comunes que se deben encontrar, de las montañas de cenizas por la incineración de cadáveres, etc. Además, esta liberación no ocurrió en un día como nos puede hacer pensar un libro de historia. Las personas que se encontraron vivas en estos lugares estaban al borde de la muerte. En Bergen Belsen, murieron 14.000 prisioneros después de la liberación, pues los suministros para su salvación, no podían llegar antes. Atender a los supervivientes llevaba tiempo y trasladarlos también. Esta es otra de las razones por las que en el Holocausto y en la Segunda Guerra Mundial hay tanta variedad con el número de víctimas.

En ese momento, la pregunta que más rondó la cabeza de todo aquel que vio en primera persona las imágenes del Holocausto, tuvo que ser; “¿cómo se ha llegado a esto?”. Los liberadores estadounidenses obligaron a las familias nazis alemanas cercanas a los campos a ver aquellas imágenes. Pero lo dicho, en general, para la sociedad, es muy fácil aceptar una idea sin ver las consecuencias.

 





Las imágenes son duras, pero esto eran los nazis. Y esto pasó hace 78 años. Setenta y ocho años en la historia reciente no es nada. Conocer el Holocausto y la dimensión de sus atrocidades sin filtros, es  clave. 


Fuentes: 

http://clio.rediris.es/fichas/Holocausto/indice_holocausto.htm

https://encyclopedia.ushmm.org/content/es/article/killing-centers-an-overview

- Hilberg, Raul. La destrucción de los judíos europeos. Madrid: Akal, 2005. 

- Rees, Laurence. Auschwitz: los nazis y la "solución final". Barcelona: Crítica, 2007. 




Enrique Pérez Gutiérrez. 


lunes, 5 de septiembre de 2022

Un horizonte infinito

 

- ¿Qué se hace cuando no sabes qué hacer?

-  Qué pregunta más tonta Enrique, no te pongas profundo un lunes por la noche por favor, mañana tienes que estudiar.

Supongo que constantemente estoy en un bucle con esta pregunta, y más ahora que he vuelto de Granada y veo el futuro incierto. No se si aprobaré la última asignatura de la carrera y podré optar a entrar en el máster. No se si entraré en el máster en Sevilla o tendré que irme fuera de nuevo. No se si suspenderé y tendré que perder todo el año en una asignatura inútil. ¿Qué va a pasar? ¿Qué voy a hacer? Por no saber qué hacer no se ni que me voy a cocinar para almorzar mañana. Supongo que hay que ir puerta por puerta, si una se cierra, tendrá que abrirse otra.

Y todo esto resulta que volver de Granada, volver a vivir con mis padres, pasar un verano anclado en el pueblo, saber que he tenido un problema administrativo con la universidad y que mis planes no han salido como quería que salieran me ha trastocado. A esta preciosa ensalada le podemos añadir la distancia que volveré a tener con gente que he querido mucho, una distancia a la que me acostumbré a palos al volver de Salamanca en 2020. Añadimos también el que ya no me habla la chica que me gustaba. Condimentamos con una deliciosa dosis de los problemas familiares de siempre, solo que ahora están en primera persona y no a través de un teléfono.

No lo sé Enrique, no sé si lo estoy haciendo bien. No se si lo estoy llevando con buen pie, si lo estoy superando, si lo estoy dejando atrás, si estoy avanzando, si estoy aprendiendo, si estoy madurando, si estoy creciendo, no se si lo estoy haciendo bien o mal. Solo sé que hay que seguir, y que voy a volver a tropezar en las mismas piedras. Que me volveré a ir por ahí, que volveré echando de menos el haberme ido. Que cuando esté fuera echaré de menos no estar en casa. Supongo que la vida es eso. Inconformarse siempre. Mirar al pasado y pensar en romantizarlo de una forma absoluta, sabiendo que incluso en los malos momentos, no estabas mal del todo.

¿Qué hacer? Supongo que aprender, como siempre. Aprender a volver a convivir con mis padres. Aprender a volver a vivir en Sevilla. Aprender a vivir con la incertidumbre de qué pasará mañana. Hay un horizonte infinito. 

¡Qué curiosa esta edad de los veinticinco! Tienes amigos que se van a casar, amigos que llevan solteros toda la vida, amigos vírgenes, amigos que tienen hijos, amigos que han terminado la universidad, amigos que siguen en ella, amigos que ganan un porrón de dinero trabajando, amigos que, al igual que yo, no tienen ni putísima idea de qué va a ser de su vida. Al menos no estoy solo.

Y me prometo a mi mismo avanzar. Mínimo aprendiendo. Da igual los tropiezos. Me prometo que estas líneas son las últimas que escribo pensando en ti. Me prometo que este año (pues para los que estudiamos septiembre es como el año nuevo) voy a ser un chico disciplinado. No voy a dejar el deporte, voy a fumar y beber menos y voy a ser más productivo. Ojalá poder prometeros que voy incluso a dormir más y mejor. Pero eso, muchas promesas son, a ver cuántas se cumplen. Al menos me las he escrito para tenerlas siempre en mente y sentirme mal y poder recular si no las cumplo.  <3

 


 

Enrique Pérez Gutiérrez.

Solo es domingo

Hoy siento que es una noche un poco más especial. En realidad, es una noche más del año, pero te hace ser más reflexivo de lo normal. Cumplo...