En múltiples ocasiones el ser
humano muestra su capacidad para hacer el mal como en las guerras, las
torturas, el machismo, los desahucios, las palizas, la pobreza, la envidia, la
avaricia, las peleas cotidianas, las mentiras, dañar sentimentalmente a otras
personas, una infinidad de actitudes negativas que no controlamos desde que
existimos, unos lobos solitarios que tan solo buscan su propio beneficio.
Incluso en los buenos actos se oculta un interés.
El pasado 5 de mayo de este año
2018 fui a Madrid con mi familia a ver el musical del Rey León. Esta obra es un ejemplo de la infinita capacidad que tiene el humano de crear cosas increíbles y sorprender al mundo de todo corazón.
Las voces, los disfraces, los
bailes, los colores, los ritmos, la banda sonora, los aplausos del público, la
agitación del corazón veinte veces más acelerada de lo normal porque no sabes a
dónde mirar, a qué sonido prestarle más atención y si guardar las lágrimas o
soltarlas de la emoción.
Una experiencia increíble y que
hace ver que las personas aun teniendo una parte inhumana también tienen una
parte humana.
Lo mismo pasa cuando ves por
primera vez un monumento, una escultura, un cuadro, escuchas música, bailas, cuentan
un chiste que te hace reír, una caricia, un beso, un abrazo, una broma de buen gusto, un paseo de noche, un buen desayuno por la mañana…
Las emociones positivas son los
actos buenos que tenemos y solo nosotros podremos hacer que prevalezcan a lo
largo de la historia por delante de las negativas.
Enrique Pérez Gutiérrez
