martes, 1 de diciembre de 2020

Si fuera un árbol...

El árbol sagrado ha tenido una connotación religiosa a lo largo de la historia. Se ha podido entender como especie e incluso como individuo. Muchos pueblos en la antigüedad han considerado sagradas especies determinadas, como los celtas, que adoraban el roble o como tribus africanas que adoraban el Baobab. Muchas otras sociedades no han considerado sagrada una determinada especie, pero si un árbol en concreto, como el Árbol de la Vida, el Árbol Cósmico, el llamado Yggdrasil en los germanos, el Goakarana y el Haoma en la cultura pérsica, el Kiskanu en la tradición babilónica, o el significado que le daban los budistas al árbol Bodhi. Todo esto se corresponde a un largo etcétera de crisoles culturales y creencias religiosas que han realizado un frondoso camino en la historia de la humanidad.

Pero hoy no voy a dar una lección de historia. La idea de hoy es ver cómo somos capaces de comparar nuestra personalidad con un ser vivo y lo bien que podemos hacerlo. La literatura, el cine, la cultura, la historia y muchas otras disciplinas nos han enseñado a comparar las raíces de un árbol con nuestra familia, el tronco con nuestra fortaleza, la sombra que desprende con nuestra manera social de relacionarnos, los frutos que da con lo que somos capaces de ofrecer, los pájaros que habitan en nuestra copa con la gente que elegimos en nuestra vida, etc. 

Si yo fuera un árbol… Si yo fuera un árbol sería un naranjo. Un naranjo que proporcionase buenos zumos para empezar el día con buen pie. Que ofrezca sombra necesaria para estar en un bar tomándose una caña fresquita, o leyendo un libro. Un naranjo es un árbol alegre, su flor huele muy bien y es un guía que me indica que estoy en el barrio, en casa o en mi pueblo, es decir, en la tierra de muchos familiares queridos. Supongo que guste o no, como las naranjas a la gente, soy un árbol que intenta gustar. Pero oye, tengo mi lado bueno y malo porque si soy amargo y un pajarito que anide en mi deja sorpresas en tu coche, va dentro de mi personalidad.

Cada persona se ha comparado con un árbol y han salido muchas cosas curiosas, pero la que más, es que muy pocos se han repetido. En esta parte del blog, quiero que los protagonistas seáis ustedes.

Si fuera un árbol sería…

 -          Un olivo, porque me recuerda a mi infancia, y porque me gusta su forma, y además los viejos tienen las raíces enormes y me encantan las raíces de los árboles, dan seguridad y supongo que tener raíces es algo bonito, te dice de dónde vienes y un poquito de lo que eres.
  

-           Sería una tipuana tipu creo que se llama. Porque tal y como yo me veo, podría llegar tan alto como ellas, que nunca dejan de crecer y son altísimas. No me refiero a alto de altura, sino alto de miras. No se si me explico (ríe). He sido sincero (vuelve a reír). Por cierto, esos árboles, son los más altos que hay en el parlamento, además creo que tengo una corteza que se ve dura desde fuera, pero por dentro no es así. 

 
-           Si fuese un árbol sería un cocotero porque soy tropical y exótico, pero si me caliento te tiro un coco en la cabeza y te dejo hecho un chicle. Además, me gusta la palabra cocotero.
 

-           Pues claramente sería un baobab porque es especial y diferente, pero a la vez es conocido por todo el mundo, y sobre todo, estando cerca del Ecuador, le gusta estar en el centro y siendo el protagonista. 


-           Si fuese un árbol, me gustaría ser uno muy grande y viejo, de estos que se ven de lejos, como el de al lado de mi casa que da al parking de coches, porque creo q es bonito y transmite tranquilidad.
  

-          Sería un árbol de tronco grande, ya que he vivido experienciales duras en mi vida y siempre he logrado resistir sin que hayan conseguido tumbarme. Tendrían pocas ramas principales, y serían cortas y gruesas: las personas en mi vida que me importan de verdad son pocas, pero el amor que siento hacia ellas es incondicional. Sería un árbol de hoja caduca, ya que estoy en constante renovación, aprendiendo de mi misma cada día y deshaciéndome de aquellos rasgos y manías que me perjudican, sin miedo a empezar de cero. 


-          Si pudiera ser un árbol creo que sería un roble, por el simple hecho de q me suena a rudo, a fuerte, y creo que eso es lo que más se asemeja a mi personalidad.
 
 
-          Pues sería un cerezo. Un cerezo que en invierno se le caen las hojas por lo que se vuelve más apático y se encuentra conectado consigo mismo, desprendiéndose del pesar de las cosas. Y en primavera florece para volver a dar sus mejores frutos al mundo que le rodea.
  

-         Si tuviese que elegir algo sería árbol de hoja caduca porque nada es permanente salvo el cambio, algo que me caracteriza bastante. Por otro lado, y a pesar de saber que no es un árbol, escogería el bambú porque tarda 7 años en crecer, mientras tanto sus raíces se consolidan y en tan sólo 6 semanas pueden llegar a medir 30 metros. Todo llega para el que sabe esperar. 
 

-           Si fuese un árbol me gustaría ser un roble porque son fuertes, robustos y hermosos. Crecen lento, pero tienen una vida larga y si mueren, su madera versátil puede servir para tallar y para hacer nuevos objetos. 


-           No me sé el nombre, pero me encantaría ser un árbol grande y frondoso que diese sombra cuando hiciera calor, sería de un color verde esmeralda y seguramente de mi saldrían pequeñas flores de color violeta o amarillas. Y sobre todo me encantaría que la gente se posara en mi sombra para relajarse. 

 
-           Creo que sería un sauce llorón porque creo por un lado es un árbol muy melancólico, pero por otro lado es muy acogedor. Creo que tiene una mezcla de tristeza, encanto y misterio con la que me siento en cierta manera identificada.  

 

-        Sería un bonsái porque me gustaría ser un árbol apreciado, que la gente le dedique tiempo y cuidados y que relaje a las personas que inviertan tiempo en cuidarme.

 
-           Si fuera un árbol sería el Avo (el abuelo) un pino situado en la costa de Galicia, Sería este pino porque me encantan las alturas. Podría vivir más de cien años y además se encuentra en mitad de la naturaleza y cerca de la costa.

-           Creo que soy un sauce llorón, porque, aunque esté peor (por lo de llorón) soy un árbol fuerte y doy mucha sombra al que lo busca. 


 
-           Diría que sería un Bambú, un árbol de corte oriental que hunde muchísimo sus raíces en la tierra y afianza su crecimiento bajo tierra antes de crecer hacia arriba y que pueda ser percibido a los ojos de todos los demás

 

.-        Si fuera un árbol, sería el cerezo (Sakura en japonés) porque vive con sus estaciones. tiene una especie de fragilidad en las flore. Además, es un árbol fuerte que sobrevive al invierno. Pienso que soy fuerte, pero tengo mis fragilidades que ocurren a tiempos. 

 

-        Sería una encina, porque mis frutos, que son mis ideas creo que son relevantes para muchas personas que me rodean (los cerdos).

 

-           Soy como un bosque caducifolio. Un bosque de “Quercus robur”. Con el otoño y el invierno, el roble pierde sus hojas, se les desnuda el alma. Una vez tocan fondo, son como el Ave Fénix, renacen y en primavera florecen de nuevo. Y es por eso me identifico con él, que decir, "soy fuerte como un roble, en cuanto bajo, vuelvo a subir". 

 

-         Si fuese un árbol sería el limonero que hay en el centro de mi patio porque a pesar de que está en el centro de todo está un poco solo; y porque da limones, fruta que normalmente es ácida pero también tiene un toque dulce.


 
-           Si fuese un árbol sería claramente un acebuche: el olivo salvaje. Andaluz, pero libre, sin domesticar, sin amoldarme a la producción capitalista de los campos. El acebuche es un árbol imponente, fuerte y sosegado, y de climas cálidos, muy cálidos... Siempre al sol del sur 


-          Sería una acacia. Porque tengo raíces profundas (mi familia). Y siempre estoy despierto en primavera y verano. Aunque en otoño e invierno estoy más apagado.

 


                                                                                                         Enrique Pérez Gutiérrez
 
                                                                                                                                   

jueves, 27 de febrero de 2020

Y así últimamente


Y así todos los días últimamente. Cada día cuando decido dejar de ser productivo me siento delante del ordenador y abro un Word Office dispuesto a crear. Así, cada día me quedo pensando algo que me haya pasado, algún detalle que haya visto en la calle y me haya hecho pensar, alguna anécdota, algún cuento, alguna reflexión histórica y un largo etcétera. Pero no lo encuentro. No encuentro nunca el tema. Al final, me acabo cansando, abro Twitter y Facebook y acabo perdiendo el tiempo viendo vídeos que se me antojan graciosos, viendo fotos de mis amigos y sus viajes y leyendo últimamente noticias de coronavirus, coronavirus y coronavirus.

Siempre acabo llegando a la misma conclusión; “Enrique, llevas un año fuera, te han pasado muchas cosas, tienes que sacar algo para escribir”. Quizás, el problema surge al tomármelo como una obligación. Acabo agobiándome y como no tengo ninguna fecha de entrega, la presión desaparece al igual que las ganas.

Y si que me han pasado muchas cosas, tanto positivas como negativas, pero no voy a hablar de ellas hoy, no tengo ganas de recurrir a la nostalgia un día en el que he hecho un guiso de papas gracias a mi abuela Angelita. También me ha dado por limpiar la terraza y ahora que empieza el buen tiempo va a ser un lugar importante para el piso. No tengo ganas de hablar de lo que me ha pasado hace poco o echar la vista atrás. Hoy, 27 de febrero de 2020, día del cumpleaños de mi amiga Lucía, no voy a hablar de nada, me voy a limitar a redactar lo que me dé la gana hasta que considere que el texto tiene un buen desenlace.

Y tengo ganas de que vengan mi madre y mi hermana. Tengo ganas de que vengan mis amigos a verme, tengo ganas de terminar el trabajo de San Felices de Oca, de conseguir sacar por una vez en mi vida un año entero en la carrera, de seguir aprendiendo a cocinar cosas nuevas, de seguir explorando rincones de Salamanca, de viajar, de seguir conociendo gente. En definitiva, tengo ganas, y eso es algo que hacía tiempo que no sentía. La importancia de ese sentimiento recae en los valores que se generan en torno a una persona, en su vitalidad, en su actitud ante las adversidades, en su estado de ánimo, etc. Antes no tenía tantas ganas, no salía de mi zona de confort. También tengo miedo, porque no quiero entrar en un bucle nuevo donde impere la comodidad. Quiero progresar. Pero voy a ir dejando de escribir, porque además de ver que este puede ser un final acertado para el texto, lo que más ganas tengo ahora mismo es de cenar.  


Enrique Pérez Gutiérrez






Solo es domingo

Hoy siento que es una noche un poco más especial. En realidad, es una noche más del año, pero te hace ser más reflexivo de lo normal. Cumplo...