martes, 22 de agosto de 2023

Los tambores del tiempo

El tiempo, ese concepto que constantemente ronda nuestra cabeza. Ese concepto tan amplio como el mismo universo, infinitamente infinito. Una de las razones que guía nuestra vida y que ha estado presente en la filosofía a lo largo de toda la historia. Ese concepto que, depende en qué pienses, puede definirse de una u otra forma. Por eso decimos que no tenemos tiempo, o que tenemos todo el tiempo del mundo. Decimos que el año se nos ha hecho muy corto, que ayer estábamos celebrando el puente de Andalucía y que mañana estamos apurando los últimos días de vacaciones de verano. Que hace muy poco tiempo, estaba jugando con mis amigos al escondite en la plaza del ayuntamiento del pueblo. Pero que a la vez, ha pasado toda una vida hasta llegar aquí. Qué concepto más increíble y maldito a la vez.

Estuve pensando el otro día en una forma distinta de ver el tiempo, pues aparentemente no es igual para todos los animales. Y es que resulta, que en un documental de Disney+, de éstos que se pone mi padre para echarse una siesta, estuvieron hablando de los latidos del corazón de algunos animales. Qué curiosa forma de medir el tiempo, pues a un simple colibrí, cuya esperanza de vida que es de unos tres a cinco años, le late el corazón unas 2500 millones de veces a lo largo de su vida. ¡En tan solo cinco años! 

Sin embargo, en el polo opuesto, a una gran ballena azul, le late el corazón unas 1000 millones de veces a lo largo de su vida, y eso que vive entre 80 y 90 años. Una esperanza muy parecida a la de los humanos, o a un elefante, que, en sus 80 años de vida, sus latidos superan por poco a los de la ballena.

Qué curiosa forma de medir el tiempo. Medir el tiempo en latidos del corazón. El corazón del humano late unas 100.000 veces al día, que supone unas 35 millones de veces al año. Según la esperanza del ser humano, el corazón latería unas 2500 millones de veces a lo largo de nuestra vida.

Si nos comparamos con otros animales, para vivir más de 80 años, no latimos mucho más que ellos. Los perros o los gatos, o los leones, los tigres, las panteras y muchísimos mamíferos, que tienen una esperanza de vida de unos quince o veinte años, tienen una cifra muy aproximada. El colibrí, casi nos supera, y solo vive cinco años.

Por eso podemos medir el tiempo de una persona en latidos. Cuando hacemos deporte nuestro corazón late más rápido, por eso dicen que los deportistas tienen más años de vida. Al igual que su corazón toca los tambores mas veces.  Cuando nos emocionamos, nuestro corazón late más rápido. Cuando viajamos, cuando disfrutamos, cuando sentimos miedo, cuando nos arriesgamos, cuando queremos, cuando hacemos el amor, cuando nos enfadamos, cuando nos examinamos, cuando probamos una comida nueva, cuando sentimos asco, cuando se nos va un ser querido, cuando volamos, cuando nadamos, cuando nos enfrentamos a nuestros rivales, cuando ganamos, cuando perdemos, ¡cuidado que te aceleras! En definitiva, cuando nos enfrentamos a algo nuevo. Cuando vivimos, nuestro corazón late más rápido. Diría incluso que vivir es algo que nos hace viajar en el tiempo, pues podemos superar esa cifra de 2500 millones de latidos a lo largo de nuestra vida. ¿No recordamos cómo sonaban los tambores de dentro antes de presentar el TFG, o en nuestra primera entrevista de trabajo?. O la alegría que nos dio terminar esa ruta de veinte kilómetros y bebernos una buena cerveza a la vera de un árbol. Tampoco me acuerdo nunca de la velocidad a la que suenan los tambores antes de dar un beso, pero seguro que estoy ganando latidos. 

No existe el tiempo libre, pues el corazón no para de latir hasta el final. Solo existe el tiempo en el que hacemos unas u otras cosas. Que, tomarse un café con otra persona, cuesta veinte mil latidos, y pueden ser muy pocos, o muchos. Y que todo depende de las ganas que tengamos nosotros y nuestro corazón. Al fin y al cabo, perder el tiempo es perder latidos, pero cuando nuestro corazón late más rápido, cuando suenan los tambores más fuerte, estamos viajando al futuro. Estamos ganando tiempo. Estamos superando esos 2500 millones de latidos. 



                                                                                                      Enrique Pérez Gutiérrez 


jueves, 20 de abril de 2023

¿Si fueras una casa, cómo serías?

 

En la antigua Grecia, el “Oikos” era el conjunto de bienes y personas que constituía la unidad básica de la sociedad en la mayoría de las ciudades-estado. El Oikos no solo era el bien material, se incluía también al jefe, el cabeza de familia, la propia familia y hasta los esclavos y mascotas que convivían en el marco doméstico. El concepto de casa (Oikos) ha cambiado. Y mucho.

Ahora no pensamos tanto en los habitantes del espacio como en el espacio en sí. Un conjunto de paredes y un techo que nos permiten amueblar ese terreno que proclamamos nuestro, de nuestra propiedad privada y que tanto cuidamos. El concepto ha cambiado conforme cambia el propio concepto de lo que es el Estado. Ahora incluso vivimos en casas de otras personas, o de entidades, pues las casas ya no pertenecen a un cabeza de familia.

Aun así, no me gusta el significado que ha adquirido esta palabra. La Real Academia Española dice que una casa es un edificio para habitar. Una definición que me parece realmente pobre. El significado de casa puede variar dentro de cada persona. Un ejemplo de ello sería mi antigua casa, esa grande que algunos conocéis de la calle Morsa. Esa casa donde he vivido casi toda mi infancia y adolescencia. Fuas he vivido muchísimas cosas en esa casa. Y tengo muy buenos recuerdos. Quizás a partir de su venta, mi concepto de casa fue cambiando. Mis padres se compraron sus respectivos pisos y, hoy en día, sin yo darme cuenta, nunca digo que “vuelvo a mi casa”. Siempre digo; “voy al piso de mi madre”, “este finde estoy en el piso de mi padre”, etc.

Sin embargo, me he sentido en casa en muchos sitios. Recuerdo mucho el piso de Salamanca. Un piso cochambroso, lo más ruina posible que pudierais imaginar. Las habitaciones lamentables, con el suelo pintado. Fregar ese suelo era más complicado que conseguir plaza en unas oposiciones. Y, aun así, lo recuerdo perfecto. Los momentos que viví allí fueron perfectos. La convivencia con Manu, las tardes de cachimba y películas, las fiestas que nos montábamos, los menús que hacíamos, era genial. No era el piso de nuestros sueños ni mucho menos. Dios me libre de pintar el suelo. Pero aquello si era una casa. Al año siguiente, en Granada, el piso era mejor, una cocina más habitable, un cuarto de baño más decente, un salón increíble y unos compañeros maravillosos.  Ir a molestar a Julia y a Manu era de mis pasatiempos favoritos. O tomarme un refresco en la terraza mientras charlaba con Ángela. Otra casa magnífica. Otros recuerdos que se guardan en un cajoncito del corazón.

De vuelta a Sevilla, estoy en casa, en la casa de mis padres. La convivencia es buena. Aunque es cierto que uno ya quiere vivir fuera. Pero de momento, se que las puertas de ellos están abiertas. La casa de mi madre es una librería. Estanterías llenas, libros en el sofá, libros en las mesas, libros encima de la cama. Es una biblioteca con unas vistas magníficas. Siempre me ha gustado estar rodeado de libros, es algo a lo que le estoy super agradecido a mi madre. En cambio, la de mi padre es más austera. Muchísimo más simple, como él. Una terraza amplia, habitaciones con poca decoración, una televisión muy grande y una cocina muy cómoda. Me encanta esa parte que muestra cada uno de mis padres, que, como todos, atribuyen su personalidad a su casa.

Y es que así somos los humanos. Sea cual sea el significado de “casa”, siempre voy a pensar que en nuestra vida, incluso nuestros bienes materiales privados son reflejo de cómo somos.

Si yo fuera una casa, creo que tendría dos puertas. La puerta delantera estaría frente a una calle concurrida, un paseo lleno de bares y de locales de fiesta. Tendría una fachada bonita y arreglada, a poder ser blanca, para apaciguar el calor del sur. Sería una casa ordenada, con la cama hecha, los cuadros colgados rectos y los libros ordenados alfabéticamente. Tendría las paredes aisladas y un salón amplio para recibir invitados y poder estar hasta altas horas de la noche haciendo ruido. Al lado del salón no podría faltar una cocina espaciosa para disfrutar haciendo pizzas caseras. La puerta trasera, daría a un campo, o una zona tranquila, donde tendría mi porche y mi habitación. Un lugar con silencio, donde solo se escuche lo que yo quiera escuchar. No necesitaría una habitación grande, con una buena cama y un armario decente estaría contento. Ah! y que tenga una escalera. Una escalera para poder hacerme mil fotos como la que muestro abajo. 

Una casa, o cualquier cosa que pueda preguntar, es el reflejo de lo que querríamos ser. Nuestra personalidad, nuestros miedos, nuestra vida. Todo. Hoy os he preguntado que cómo serías si fueses una casa y estos han sido los resultados, aquí sois ustedes los protagonistas:

- "Una casa luminosa, amplia y con azotea, para ver las cosas con cierta distancia y desde arriba, pero con los pies en el suelo 😊😘😘"


 - "Creo que sería una casa de estilo mediterráneo con mucha luz y un patio muy grande".


"Mi prototipo de casa sería una semi autómata (de decoración sencilla) prácticamente conectada a internet y poder hacer la mayor parte de acciones con mínimos gestos/palabras, físicamente un porche en la parte delantera de la casa y en la parte trasera un patio amplio con posibilidad de caseto/merendero, piscina y césped para el veranito. Evidentemente, casa de pueblo".


"Una casa sin ventanas con vistas al mar."


"Una casita de dos plantas en el campo con muros blancos de ladrillo, un jardín y una puerta turquesa."


"Casa gótica porque me gustaría estar lo más cerca de dios🤣"


"Mmmm, un chalecito tranquilo, dos plantas, pero no muy grande, con un jardincito pequeño pero mono. Sencillo todo, pero acogedor jeje"


"Sería un piso bien amueblado, con mucha luminosidad, acogedora, en la que los vecinos no molestarían si haces un poco de ruido y bien situado."


Sería una casita de playa, de estas típicas blanquitas, con cristaleras y muchas plantitas."


"Sería una casa estrecha, de varias plantas e iluminada de balcones repletos de plantas."


"Luminosa, minimalista, con mucho blanco y mucho verde, con techos altos, en un piso alto, pero no muy alto por si me caigo. Con espacios amplios. A poder ser con vistas chulas a la ciudad o a la naturaleza. Que el sol dé durante todo el día por una habitación u otra."


"Sería una casa como la de casa Tarradellas. Una masía acogedora con dos plantas espaciosa y bonita. Con un gran patio para poder jugar y pasarlo bien."


"Casita en lo alto de una colina o cerca la playa, lleno de plantitas, una cocina grande que dé al salón para poder reunir a la gente alrededor, y el suelo de parquet y me gusta mucho la madera para decorar.


- Una casita acogedora en medio del campo con un jardín y con muchos animalitos con una chimenea para el invierno y una piscinita pa verano."


"De una planta y con patio."


- "Seria un piso en el centro con una cocina grande donde se hace pan y entra mucha luz. Y con un póster de FIZZ EN LA ENTRADA HOSTIA."


"Para mi sería una casa de madera entre dos montañas. Con un huerto y algo de ganado. Chimenea y un río pasando cerca."


-"Una casita pequeña pero acogedora, aunque con muchos cerrojos y difícil de entrar, cerca del mar y con una pequeña terraza a la que a veces le da el sol."


"Sería una casa acogedora, no muy grande, cálida y compacta. Con lo básico y una pequeña terracita a nivel del suelo. No de estas futuristas ni súper modernas, pero si de las que te dan esa sensación al llegar de que por fin estás en casa y puedes relajarte. Quizás una segunda planta, pero pequeña, con chimenea."


 - "Tendría una planta… un salón grande y un espacio para animales y otro para ocios varios."


- "De maderita, con ventanas grandes, de una planta con chimenea y en el campito🦦"


- "Sería una casa con mucha luz, grandes ventanales, un jardín amplio sin muchas cosas, una cocina muy grande, minimalista y básica"


- "Sería una casa con mucha luz y acogedora. Una casa en la que habría los domingos algo rico para comer."


-"Con una casa aparentemente pequeñita, como yo, pero inmensa en su interior. Simple, minimalista pero acogedora".


- "Puesssss no sé, quizá tendría un salón con una mesa grande de madera para reunir a la ppl y una chimeneíta bien cozzy JAJAJA."







Enrique Pérez Gutiérrez




viernes, 27 de enero de 2023

Por el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto 2023


Hoy, día 27 de enero, es el día de la conmemoración de las víctimas del Holocausto. En términos hebreos, se menciona como la Shoá, que se traduce como “La catástrofe”. El Holocausto es el genocidio realizado por el régimen de la Alemania nazi contra los judíos.

El Holocausto en realidad es la desembocadura de un proceso que encaminó a cierta parte de la sociedad hacia el racismo, siendo la solución final el extermino judío. Esta decisión nazi, fue llevada a la práctica a principios de la temporada de otoño de 1941, pero tiene unos precedentes.

¿Cómo se llegó a esto? No quiero entrar en los discursos de odio que fueron aceptados por la sociedad alemana, eso sería otro artículo. Pero ¿Cómo se llegó a masificar tanta muerte? Al fin y al cabo, Alemania es el único país de la historia que ha tenido campos de exterminio.

Quiero explicar también qué es un campo de exterminio, porque la gente puede confundir conceptos. Un campo de exterminio no es igual a un campo de concentración, o gulag, o campo de trabajo forzado. Un campo de exterminio en sí es la industrialización de la muerte. A diferencia de un campo de concentración, en el que las condiciones son pésimas, de hecho las más inhumanas posibles, en el que el preso está obligado a realizar trabajos forzados sin ningún seguro y con la posibilidad casi asertiva de morir, un campo de exterminio, directamente está enfocado en eso, la aniquilación de la existencia del personal. La antigua Rusia, China, España, han tenido campos de concentración, gulag y campos forzados de trabajo, pero no de exterminio.

Así pues, estos precedentes del Holocausto, que no sucedió de golpe, podemos verlos en la década de 1932 hasta 1942. Los nazis llegaron al poder en 1933 y no fue hasta 1942 que se construyeron los propios campos de exterminio.

Pero  ¿Cómo llegaron a matar en ese entonces a 11 millones de personas (6 millones judíos) en solo 3 años (1942 -1945)?

Así, vemos un proceso gradual, pues los primeros campos de concentración tan solo eran eso, campos de concentración, con condiciones terribles. Pero no existía una propia maquinaria que asesinara personas en masa.

Antes de esta industrialización, los nazis tenían grupos de personas que se encargaban de realizar las matanzas. Iban por los guetos, por los pueblos, por los bosques, etc. Se reunían a las familias que habían sido atrapadas en un lugar concreto y las masacraban. Estos soldados eran un cuerpo de las SS conocido como los Einsatzgruppen y su misión era la de realizar las matanzas.

Los Einsantzgruppen eran una especie de retaguardia de los soldados regulares. Iban tras sus pasos, conforme la frontera se movía e iban población por población reuniendo las familias, tanto judías como opositoras al régimen y ejecutándolas. Pero esta estrategia tenía un problema. El propio cuerpo de ejecución se veía incapacitado para cometer estas atrocidades. Aquellos que participaban en las matanzas tenían graves secuelas psicológicas. Al fin y al cabo, los nazis también eran personas y muchos solo obedecían órdenes. No es lo mismo estar a favor de la idea de matar judíos que de masacrar tu mismo a las familias judías. El impacto del hecho recae en el que ejecuta la idea, no en el que la apoya.

Así, se llegó a la conclusión de utilizar las llamadas “camionetas de gas” en las que se cometían los asesinatos. En la película de Mar Targarona “El fotógrafo de Mauthausen”, podemos ver perfectamente la estructura de estos vehículos.




Esta estrategia tampoco funcionó. Los soldados no eran capaces de sobrellevar la tarea de extraer cadáveres continuamente.

Al fin, en 1942, se encontró lo que los nazis llamaron “La solución Final al problema judío” y se empezaron a construir cuatro campos de exterminio. El primero de ellos fue Chelmno, ubicado en la Polonia anexada a Alemania, en el Warthegau. Otro de ellos era Majdanek, también ubicado en Polonia. Pero el más grande y conocido era el de Auschwitz- Birkenau, en Polonia, que para 1943, contaba con cuatro camaras de gas. Hasta 8000 judíos eran gaseados cada día en Auschwitz.

En definitiva, se construyó una industria de la muerte. Pero, ¿cuál era la solución a los traumas que adquirían los propios soldados nazis? Estos campos de exterminio, ¿cómo se mantenían? La respuesta es que casi todas las labores con riesgos traumáticos para los soldados, las realizaban los presos.

Los que realizaban esta actividad, fueron conocidos como los Sonderkommando. Es decir, unidades de trabajo forzadas por los nazis. Normalemente eran judíos obligados a colaborar en las actividades de los campos de exterminio. Salvo administrar el gas y vigilar, los sanderkommando realizaban todo lo demás. Por ejemplo, en Auschwitz, el pesticida Zyklon B, es decir, el gas que se usaba para el exterminio, se administraba a las cámaras desde el techo, a través de unas columnas. El encargado de esto, un soldado nazi, tan solo abría una escotilla, suministraba el gas y cerraba. El resto, es decir, limpiar los cuerpos, era tarea de los presos que después iban a morir.

Es triste pensar en cómo el humano llegó a esto. La propia palabra industrialización, implica masividad. Si añadimos el término muerte, industrialización de la muerte, puede ser el término más negativo, en mi opinión, que ha existido en la faz de la tierra. Hablamos de la industria del cadáver.

En el momento que el régimen cayó y los liberadores encontraron aquellos campos, las imágenes que tuvieron que ver aquellas personas deben ser desoladoras. El suelo sembrado de cadáveres, no tengo datos de las fosas comunes que se deben encontrar, de las montañas de cenizas por la incineración de cadáveres, etc. Además, esta liberación no ocurrió en un día como nos puede hacer pensar un libro de historia. Las personas que se encontraron vivas en estos lugares estaban al borde de la muerte. En Bergen Belsen, murieron 14.000 prisioneros después de la liberación, pues los suministros para su salvación, no podían llegar antes. Atender a los supervivientes llevaba tiempo y trasladarlos también. Esta es otra de las razones por las que en el Holocausto y en la Segunda Guerra Mundial hay tanta variedad con el número de víctimas.

En ese momento, la pregunta que más rondó la cabeza de todo aquel que vio en primera persona las imágenes del Holocausto, tuvo que ser; “¿cómo se ha llegado a esto?”. Los liberadores estadounidenses obligaron a las familias nazis alemanas cercanas a los campos a ver aquellas imágenes. Pero lo dicho, en general, para la sociedad, es muy fácil aceptar una idea sin ver las consecuencias.

 





Las imágenes son duras, pero esto eran los nazis. Y esto pasó hace 78 años. Setenta y ocho años en la historia reciente no es nada. Conocer el Holocausto y la dimensión de sus atrocidades sin filtros, es  clave. 


Fuentes: 

http://clio.rediris.es/fichas/Holocausto/indice_holocausto.htm

https://encyclopedia.ushmm.org/content/es/article/killing-centers-an-overview

- Hilberg, Raul. La destrucción de los judíos europeos. Madrid: Akal, 2005. 

- Rees, Laurence. Auschwitz: los nazis y la "solución final". Barcelona: Crítica, 2007. 




Enrique Pérez Gutiérrez. 


Solo es domingo

Hoy siento que es una noche un poco más especial. En realidad, es una noche más del año, pero te hace ser más reflexivo de lo normal. Cumplo...