Y así todos los días últimamente.
Cada día cuando decido dejar de ser productivo me siento delante del ordenador y
abro un Word Office dispuesto a crear. Así, cada día me quedo pensando algo que
me haya pasado, algún detalle que haya visto en la calle y me haya hecho
pensar, alguna anécdota, algún cuento, alguna reflexión histórica y un largo etcétera.
Pero no lo encuentro. No encuentro nunca el tema. Al final, me acabo cansando,
abro Twitter y Facebook y acabo perdiendo el tiempo viendo vídeos que se me
antojan graciosos, viendo fotos de mis amigos y sus viajes y leyendo últimamente
noticias de coronavirus, coronavirus y coronavirus.
Siempre acabo llegando a la misma
conclusión; “Enrique, llevas un año fuera, te han pasado muchas cosas,
tienes que sacar algo para escribir”. Quizás, el problema surge al tomármelo
como una obligación. Acabo agobiándome y como no tengo ninguna fecha de entrega,
la presión desaparece al igual que las ganas.
Y si que me han pasado muchas
cosas, tanto positivas como negativas, pero no voy a hablar de ellas hoy, no
tengo ganas de recurrir a la nostalgia un día en el que he hecho un guiso de papas
gracias a mi abuela Angelita. También me ha dado por limpiar la terraza y ahora
que empieza el buen tiempo va a ser un lugar importante para el piso. No tengo
ganas de hablar de lo que me ha pasado hace poco o echar la vista atrás. Hoy, 27
de febrero de 2020, día del cumpleaños de mi amiga Lucía, no voy a hablar de
nada, me voy a limitar a redactar lo que me dé la gana hasta que considere que
el texto tiene un buen desenlace.
Y tengo ganas de que vengan mi
madre y mi hermana. Tengo ganas de que vengan mis amigos a verme, tengo ganas
de terminar el trabajo de San Felices de Oca, de conseguir sacar por una vez en
mi vida un año entero en la carrera, de seguir aprendiendo a cocinar cosas
nuevas, de seguir explorando rincones de Salamanca, de viajar, de seguir
conociendo gente. En definitiva, tengo ganas, y eso es algo que hacía tiempo
que no sentía. La importancia de ese sentimiento recae en los valores que se
generan en torno a una persona, en su vitalidad, en su actitud ante las
adversidades, en su estado de ánimo, etc. Antes no tenía tantas ganas, no salía
de mi zona de confort. También tengo miedo, porque no quiero entrar en un bucle
nuevo donde impere la comodidad. Quiero progresar. Pero voy a ir dejando de
escribir, porque además de ver que este puede ser un final acertado para el
texto, lo que más ganas tengo ahora mismo es de cenar.
Enrique Pérez Gutiérrez
