Hay cuerpos transparentes y
opacos. A lo largo de la historia la mujer ha sido transparente y el hombre un
cuerpo opaco, por eso el patriarcado solo ha querido ver los opacos, aunque
estuvieran detrás del transparente.
Esos cuerpos transparentes son las
primeras mujeres que dominaron Egipto como Nefertiti y Hatshepsut. La princesa de Tiro, quién fundó la ciudad de Cartago; ciudad que
desarrolló un gran Estado republicano y que puso en jaque a la gran Roma
durante las Guerras Púnicas. Figuras como la matemática y astrónoma Hipatia de
Alejandría, lapidada y símbolo de la mujer científica y de la libertad de
pensamiento, a la que se le dedicó en 2009 la película Ágora. La gran Juana de
Arco, la figura más importante la Guerra de los Cien Años que contribuyó a la
expulsión de los ingleses en Francia y cuyos días terminaron en una hoguera. Marie
Sklodowska, que tomó el apellido de su marido Pierre Curie, mujer que se dedicó
al estudio de los elementos radioactivos y la primera mujer en ser catedrática de
la Universidad de París. Frida Khalo, pintora de autorretratos de tinte
surrealista. Teresa de Calcuta, que fundó “La congregación de Misioneras” con
el fin de ayudar a los pobres. Carmen Martín Gaite, que recibió el primer premio de Príncipe de Asturias y el Nadal. Las mujeres que durante la Primera Guerra
mundial comenzaron a trabajar en las fábricas armamentísticas. Las mujeres que
en el Rectorado de Sevilla hacían cigarrillos a mano. Mi hermana, mi madre, mis
abuelas, mis amigas, mis tías, mis primas, mis profesoras, la mujer que me
encarga los libros en la biblioteca, la camarera del bar donde a veces desayuno
con Molina, Katy la limpiadora….
Porque figuras como Ianna, la
Virgen María, Afrodita, Venus, Gea, las Valkirias, las sirenas, Dafne, las
Driadas, las Amazonas, las Ninfas, las Sílfides, las Arpías, las Centáurides,
las Brujas, las Nereidas, han estado en nuestra literatura, en nuestra poesía,
en nuestros cantares, en el cine, en el teatro, en los cuadros, en las esculturas,
en la fotografía, en los anuncios, en los mosaicos, en los ventanales de las
iglesias, en las festividades, en los días del año y en cualquier acción del
ser humano.
Por todas las mujeres que existen
y que existieron, hoy más que nunca se lucha por vuestros derechos para que las
que existan en un futuro, no necesiten celebrar el día de la mujer trabajadora.

Pérez Gutiérrez, Enrique

Pérez Gutiérrez, Enrique