jueves, 8 de marzo de 2018

No voy a hablar de Feminismo



Hay cuerpos transparentes y opacos. A lo largo de la historia la mujer ha sido transparente y el hombre un cuerpo opaco, por eso el patriarcado solo ha querido ver los opacos, aunque estuvieran detrás del transparente.

Esos cuerpos transparentes son las primeras mujeres que dominaron Egipto como Nefertiti y Hatshepsut. La princesa de Tiro, quién fundó la ciudad de Cartago; ciudad que desarrolló un gran Estado republicano y que puso en jaque a la gran Roma durante las Guerras Púnicas. Figuras como la matemática y astrónoma Hipatia de Alejandría, lapidada y símbolo de la mujer científica y de la libertad de pensamiento, a la que se le dedicó en 2009 la película Ágora. La gran Juana de Arco, la figura más importante la Guerra de los Cien Años que contribuyó a la expulsión de los ingleses en Francia y cuyos días terminaron en una hoguera. Marie Sklodowska, que tomó el apellido de su marido Pierre Curie, mujer que se dedicó al estudio de los elementos radioactivos y la primera mujer en ser catedrática de la Universidad de París. Frida Khalo, pintora de autorretratos de tinte surrealista. Teresa de Calcuta, que fundó “La congregación de Misioneras” con el fin de ayudar a los pobres. Carmen Martín Gaite, que recibió el primer premio de Príncipe de Asturias y el Nadal.  Las mujeres que durante la Primera Guerra mundial comenzaron a trabajar en las fábricas armamentísticas. Las mujeres que en el Rectorado de Sevilla hacían cigarrillos a mano. Mi hermana, mi madre, mis abuelas, mis amigas, mis tías, mis primas, mis profesoras, la mujer que me encarga los libros en la biblioteca, la camarera del bar donde a veces desayuno con Molina, Katy la limpiadora….

Porque figuras como Ianna, la Virgen María, Afrodita, Venus, Gea, las Valkirias, las sirenas, Dafne, las Driadas, las Amazonas, las Ninfas, las Sílfides, las Arpías, las Centáurides, las Brujas, las Nereidas, han estado en nuestra literatura, en nuestra poesía, en nuestros cantares, en el cine, en el teatro, en los cuadros, en las esculturas, en la fotografía, en los anuncios, en los mosaicos, en los ventanales de las iglesias, en las festividades, en los días del año y en cualquier acción del ser humano.

Por todas las mujeres que existen y que existieron, hoy más que nunca se lucha por vuestros derechos para que las que existan en un futuro, no necesiten celebrar el día de la mujer trabajadora.





Pérez Gutiérrez, Enrique




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