lunes, 5 de septiembre de 2022

Un horizonte infinito

 

- ¿Qué se hace cuando no sabes qué hacer?

-  Qué pregunta más tonta Enrique, no te pongas profundo un lunes por la noche por favor, mañana tienes que estudiar.

Supongo que constantemente estoy en un bucle con esta pregunta, y más ahora que he vuelto de Granada y veo el futuro incierto. No se si aprobaré la última asignatura de la carrera y podré optar a entrar en el máster. No se si entraré en el máster en Sevilla o tendré que irme fuera de nuevo. No se si suspenderé y tendré que perder todo el año en una asignatura inútil. ¿Qué va a pasar? ¿Qué voy a hacer? Por no saber qué hacer no se ni que me voy a cocinar para almorzar mañana. Supongo que hay que ir puerta por puerta, si una se cierra, tendrá que abrirse otra.

Y todo esto resulta que volver de Granada, volver a vivir con mis padres, pasar un verano anclado en el pueblo, saber que he tenido un problema administrativo con la universidad y que mis planes no han salido como quería que salieran me ha trastocado. A esta preciosa ensalada le podemos añadir la distancia que volveré a tener con gente que he querido mucho, una distancia a la que me acostumbré a palos al volver de Salamanca en 2020. Añadimos también el que ya no me habla la chica que me gustaba. Condimentamos con una deliciosa dosis de los problemas familiares de siempre, solo que ahora están en primera persona y no a través de un teléfono.

No lo sé Enrique, no sé si lo estoy haciendo bien. No se si lo estoy llevando con buen pie, si lo estoy superando, si lo estoy dejando atrás, si estoy avanzando, si estoy aprendiendo, si estoy madurando, si estoy creciendo, no se si lo estoy haciendo bien o mal. Solo sé que hay que seguir, y que voy a volver a tropezar en las mismas piedras. Que me volveré a ir por ahí, que volveré echando de menos el haberme ido. Que cuando esté fuera echaré de menos no estar en casa. Supongo que la vida es eso. Inconformarse siempre. Mirar al pasado y pensar en romantizarlo de una forma absoluta, sabiendo que incluso en los malos momentos, no estabas mal del todo.

¿Qué hacer? Supongo que aprender, como siempre. Aprender a volver a convivir con mis padres. Aprender a volver a vivir en Sevilla. Aprender a vivir con la incertidumbre de qué pasará mañana. Hay un horizonte infinito. 

¡Qué curiosa esta edad de los veinticinco! Tienes amigos que se van a casar, amigos que llevan solteros toda la vida, amigos vírgenes, amigos que tienen hijos, amigos que han terminado la universidad, amigos que siguen en ella, amigos que ganan un porrón de dinero trabajando, amigos que, al igual que yo, no tienen ni putísima idea de qué va a ser de su vida. Al menos no estoy solo.

Y me prometo a mi mismo avanzar. Mínimo aprendiendo. Da igual los tropiezos. Me prometo que estas líneas son las últimas que escribo pensando en ti. Me prometo que este año (pues para los que estudiamos septiembre es como el año nuevo) voy a ser un chico disciplinado. No voy a dejar el deporte, voy a fumar y beber menos y voy a ser más productivo. Ojalá poder prometeros que voy incluso a dormir más y mejor. Pero eso, muchas promesas son, a ver cuántas se cumplen. Al menos me las he escrito para tenerlas siempre en mente y sentirme mal y poder recular si no las cumplo.  <3

 


 

Enrique Pérez Gutiérrez.

martes, 21 de junio de 2022

Crecer significa prosperar

 

Recuerdo estos días de Julio hace dos años, en medio de todos los exámenes, encerrado en el piso de mi padre con el aire acondicionado puesto y aprovechando la brisa de unos largos atardeceres en medio de una cuarentena y una situación familiar difícil. Miro hacia atrás y no los veo negativos, los veo como una experiencia más en el juego de la vida. Recuerdo que en esa época estaba destrozado, la cuarentena me succionaba el alma, cambió un estilo de vida y una motivación que llevaba dentro de mí muy interiorizada.

Ese año estaba cursando la carrera en Salamanca. Estaba siendo de los mejores años de mi vida. Todavía pienso que será uno de los mejores años de mi vida. Era la primera vez que vivía solo, que me enfrentaba a los problemas que suponen vivir en un piso de estudiantes. Manu fue un gran apoyo para mi en cuanto a la convivencia del piso. Aunque seguramente ambos acabáramos hasta el sombrero del otro, repetiría la convivencia sin duda alguna. Me enfrentaba también a la gestión del dinero, a obligarme a socializar, conocer gente, relacionarme, hacer amigos, explorar una nueva ciudad. Era perfecto.

La cuarentena rompió ese ritmo de vida, destrozó mi nuevo modus vivendi. Me impidió terminar el año, experimentar el final de curso en Salamanca, sus fiestas, la presión de los exámenes en la biblioteca con mis compis, el compartir chocolatinas en los momentos de agobio. Aun así, lo peor fue la despedida. No hubo despedida.

Dos años después, aquí estoy, en otra ciudad; Granada. Encerrado en la biblioteca, con la presión de los exámenes, compartiendo cafés y porquerías, comiendo en el comedor de la universidad y viviendo experiencias similares a las que compartí en Salamanca. Me encanta esto de sentirme activo, de sentirme útil, de indagar en mi persona, de conocer gente, de vivir solo, de conocerme a mí mismo. Pero pronto se acaba. Me quedarán aquí dos semanas como mucho. Volveré a casa, tendré que volver a acostumbrarme a estar con mis amigos, con la gente de mi barrio, a convivir con mis padres y mi hermana, etc.

Es curioso porque, aquí en Granada si me podré despedir de la gente que he conocido. En Granada podré disfrutar de esa experiencia amarga que es el despedirse, el saber que ya no habrá una rutina diaria de biblioteca, cerveza, miradores y tardes y tardes hablando de temas absurdos. Es una experiencia que no quiero conocer, que ya la debería conocer, que dentro de mi hay algo que se niega a aceptarla.

Al final, es algo que forma parte de nuestro paso por el mundo. Crecer, significa prosperar y para prosperar hay que enfrentarse a conocer, a querer, a entablar amistades y a saber despedirse. Crecer es conocerse mejor a sí mismo, ver tus puntos débiles y mejorarlos para que sean fuertes. Romper tus escudos para poder levantarse con menos peso.

Mi paso por Salamanca me hizo crecer. Joaquín, Ainhoa, Emma, Pisi, Manu, Sara, Elena, Ana y mucha más gente, me hicieron y me hacen crecer. Por mi paso en Granada, me hacen crecer Darío, Juanjo, Germán, Antonio, Julia, Ángela, Manu… Ojalá poner todos los nombres aquí, pero no pretendo tampoco hacer una lista de clase, no me gusta ser el delegado. En la distancia, siguen haciéndome crecer mis amigos de Sevilla, del pueblo, mi familia. Mi gente, que sé que cuando vuelva a mi zona de confort estará ahí siempre. He conseguido crear vínculos que no se romperán por una distancia. Que vivir consiste en conocer y en despedirse. Al principio, será un sabor amargo y pasaré una etapa en la que estaré constantemente pensando en volver, ya la conozco. Pero al final, será el tallo de un gran árbol, siendo el tronco toda la gente que voy conociendo en el camino y todas las cosas que uno aprende al vivir fuera de casa. Falta mucho y muchas experiencias, pero ese árbol irá dando unos frutos preciosos, que serán la esencia de lo que llamamos vida.




Enrique Pérez Gutiérrez


miércoles, 1 de junio de 2022

Supongo

 Últimamente cuando me pongo a escribir observo que utilizo mucho la palabra “supongo”. Según Google su definición es identificar una cosa como cierta a partir de unos indicios. Y es que resulta que supongo mucho al pensar, pues creo que todo va a tener una serie de visiones distintas a las que yo veo, las que admito y las que considero. En mí, todo gira en torno a mi realidad y no la de otras personas, por eso nada me parece absoluto. No hay una visión correcta o incorrecta, buena o mala, simplemente hay visiones. Al final todo se resume en una suposición, una creencia o simplemente una opinión. Una opinión tan válida e inútil como son el resto de las opiniones.

Supongo que no vienen tiempos fáciles, tanto para mi como para ti. Para mi comienza junio, mes de exámenes, con ese miedo y presión a tener que aprobar para terminar de una vez la carrera. Después de junio me viene un veranito simpático en el que tendré que terminar el trabajo de fin de grado y sacarme el título de inglés. En mi cabeza es un si o sí. Es decir, no hay otra opción, hay que hacerlo y punto. El “si sale mal…” no lo contemplo. Si sale mal ya lo solucionará el Enrique del futuro. Pero el Enrique del presente tiene claras las ideas por una vez en su vida.

Supongo que estamos pasando por adversidades, momentos en los que toca remar, suben los precios y te bombardean de manera intensiva con noticias negativas. No hay tiempo para descansar. El ser humano está sometido a muchos factores, pero siempre está activo, siempre vuelve a ser lunes. Es algo que llevamos con nosotros. Estamos acostumbrados a las decepciones, las derrotas y las pérdidas. Además, es una costumbre que conforme pasa el tiempo se vuelve rutina. Es difícil, muy difícil hallar eso que los filósofos dicen que es la felicidad. Supongo que no existe un pleno estado constante de felicidad. Supongo que la felicidad son momentos que van cruzándose en tu vida como el que mira un cielo estrellado y de vez en cuando ve pasar estrellas fugaces. Supongo que la vida no es un juego fácil.

Sin embargo, aunque la esperanza sea un arma de doble filo, esas estrellas fugaces que vamos viendo pasar por nuestra vida, son las cosas que nos alimentan. Nos proporcionan endorfina, dopamina, oxitocina y serotonina, unos nutrientes muy útiles que nos permiten seguir.

No todo van a ser cosas bonitas y emocionantes cuando escribo. Siempre me da respeto subir algo más triste, pues me gusta que la gente me vea como un chico simpático, gracioso y alegre. Pero supongo que de vez en cuando mola eso de mostrar tu estado de ánimo real. Si, soy fuerte y valiente, no me va a tumbar un examen, ni una carrera, ni un casi algo. Pero si se está triste, supongo, que tampoco está mal decirlo. Supongo que no es malo enseñar los ojos de Venus, desnudarte, ya no frente a un folio, eso es muy fácil, lo complicado es publicarlo y que pueda leerlo todo el mundo. Supongo que es el día de hoy, que hace mucho calor y que al haber dormido poco he tenido más tiempo para pensar. Supongo que hay días que tener mucho tiempo para pensar y para hablar contigo mismo no es positivo. Hay veces que lo suyo sería tener las neuronas suficientes para no mearte encima y ya. Pero bueno, nada que no se solucione con una hamburguesa y una cerveza.




Enrique Pérez Gutiérrez


viernes, 22 de abril de 2022

Ideas

Supongo que las ganas de escribir se incrementan con la acumulación de ideas y la propia falta de tiempo para poder expresarlas. Las prioridades dejan de ser escribir en el blog y pasan por adelantar el trabajo de fin de grado, los apuntes de clase, las lecturas que hay que leerse, ir al cine, tomarse una cerveza, dos, tres, cuatro… La cuestión es que esa idea quizás es solo una frase apuntada en las notas del móvil que deberá esperar ahí el tiempo suficiente para ser explotada.

Cientos y cientos de ideas rondan mi cabeza. Escribir una carta a mis abuelos, expresar por escrito lo que pienso del conflicto ruso – ucraniano, organizar los sentimientos que he adquirido sobre mis años de estudio en la carrera de historia, mis propios sentimientos personales que nunca cuento salvo cuando me presento ante el folio en blanco, explicar lo que pienso sobre las expresiones formales y coloquiales, comentar mis viajes, mis aventuras y mis experiencias en Granada, recordar los tiempos de Salamanca, hablar sobre qué despertó en mi el ver esa película, contar qué me hizo sentir esa canción, esa historia que conocí sobre una fuente de una plaza del centro, veinte mil conversaciones conmigo mismo, etc. Al final, esas frases escritas con falta de ortografía en las notas del móvil se transforman, otras veces se quedan ahí, esperando. Y que esperen.

Ayer cumplí veinticinco años. Es una idea que lleva apuntada en el móvil mucho tiempo y es tan sencilla que me cuesta escribirla. Me decía a mí mismo “tío, veinticinco años y ¿qué coño haces con tu vida?”. Veinticinco años y sigo en la carrera, estancado, viendo como mis amigos avanzan, como comienzan a trabajar, comienzan a opositar, a mantener relaciones. En realidad, seguimos todos inmersos en las mismas cuestiones. Quien no sufre por su relación sentimental y se siente super cómodo consigo mismo, está jodidísimo en el trabajo. Quien está super cómodo en el trabajo, se acuesta a las tres de la mañana mirando conversaciones antiguas con su exnovia. Quien está cómodo con los estudios, está contando los euros que tiene para que le llegue el salir el último finde del mes.

Pues supongo que no son mis veinticinco años, que no serán mis treinta y que no serán mis cincuenta. Supongo que esta idea tan sencilla de explicar serán las distintas etapas que vamos a tener que ir afrontando todos y todas con el paso del tiempo. Etapas que ya las han afrontado nuestros padres de forma parecida, aunque los tiempos hayan cambiado.

Que vamos a atravesar etapas, fáciles, difíciles, tristes y alegres. Que hay que ser ambicioso, ir a tu ritmo, mirar atrás solo para aprender y no para arrepentirse. Que todo va a ser una doble cara. Que en una conversación siempre vas a tener la razón y no tenerla. Ser paciente, tragarse el orgullo y dar la razón. Que todo tiene su cara, pues cumplir veinticinco es una putada, pero que cumplir veinticinco también es una pasada. No va a cambiar tu vida un número más en el DNI, pero si miro al Enrique de diecisiete, no es para nada el mismo que el de veinticinco. Y, aunque esté estancado, se que al menos sigo buscando una zona de confort.



Enrique Pérez Gutiérrez 

Solo es domingo

Hoy siento que es una noche un poco más especial. En realidad, es una noche más del año, pero te hace ser más reflexivo de lo normal. Cumplo...