- ¿Qué se hace cuando no sabes qué hacer?
- Qué pregunta más tonta Enrique, no te pongas profundo un lunes por la
noche por favor, mañana tienes que estudiar.
Supongo que constantemente estoy
en un bucle con esta pregunta, y más ahora que he vuelto de Granada y veo el
futuro incierto. No se si aprobaré la última asignatura de la carrera y podré
optar a entrar en el máster. No se si entraré en el máster en Sevilla o tendré
que irme fuera de nuevo. No se si suspenderé y tendré que perder todo el año en
una asignatura inútil. ¿Qué va a pasar? ¿Qué voy a hacer? Por no saber qué
hacer no se ni que me voy a cocinar para almorzar mañana. Supongo que hay que
ir puerta por puerta, si una se cierra, tendrá que abrirse otra.
Y todo esto resulta que volver de
Granada, volver a vivir con mis padres, pasar un verano anclado en el pueblo,
saber que he tenido un problema administrativo con la universidad y que mis planes
no han salido como quería que salieran me ha trastocado. A esta preciosa
ensalada le podemos añadir la distancia que volveré a tener con gente que he
querido mucho, una distancia a la que me acostumbré a palos al volver de
Salamanca en 2020. Añadimos también el que ya no me habla la chica que me
gustaba. Condimentamos con una deliciosa dosis de los problemas familiares de
siempre, solo que ahora están en primera persona y no a través de un teléfono.
No lo sé Enrique, no sé si lo
estoy haciendo bien. No se si lo estoy llevando con buen pie, si lo estoy
superando, si lo estoy dejando atrás, si estoy avanzando, si estoy aprendiendo,
si estoy madurando, si estoy creciendo, no se si lo estoy haciendo bien o mal.
Solo sé que hay que seguir, y que voy a volver a tropezar en las mismas
piedras. Que me volveré a ir por ahí, que volveré echando de menos el haberme
ido. Que cuando esté fuera echaré de menos no estar en casa. Supongo que la
vida es eso. Inconformarse siempre. Mirar al pasado y pensar en romantizarlo de
una forma absoluta, sabiendo que incluso en los malos momentos, no estabas mal
del todo.
¿Qué hacer? Supongo que aprender,
como siempre. Aprender a volver a convivir con mis padres. Aprender a volver a
vivir en Sevilla. Aprender a vivir con la incertidumbre de qué pasará mañana. Hay un horizonte infinito.
¡Qué curiosa esta edad de los veinticinco!
Tienes amigos que se van a casar, amigos que llevan solteros toda la vida, amigos vírgenes, amigos que tienen hijos,
amigos que han terminado la universidad, amigos que siguen en ella, amigos que
ganan un porrón de dinero trabajando, amigos que, al igual que yo, no tienen ni
putísima idea de qué va a ser de su vida. Al menos no estoy solo.
Y me prometo a mi mismo avanzar.
Mínimo aprendiendo. Da igual los tropiezos. Me prometo que estas líneas son las
últimas que escribo pensando en ti. Me prometo que este año (pues para los que
estudiamos septiembre es como el año nuevo) voy a ser un chico disciplinado. No
voy a dejar el deporte, voy a fumar y beber menos y voy a ser más productivo.
Ojalá poder prometeros que voy incluso a dormir más y mejor. Pero eso, muchas
promesas son, a ver cuántas se cumplen. Al menos me las he escrito para
tenerlas siempre en mente y sentirme mal y poder recular si no las cumplo. <3
Enrique Pérez Gutiérrez.