lunes, 21 de octubre de 2024

INFINITO ∞

El infinito. Un concepto que hace alusión a una cantidad sin límite, sin final, lo opuesto a finito. Un concepto que se ha empleado a lo largo de la historia en las matemáticas, en la filosofía, en la astronomía, en muchas disciplinas. Un concepto que hoy en día usamos constantemente.

En Sevilla, mi vista nunca ha tenido infinito. Siempre se ha topado con alguna infraestructura o paisaje que ha puesto límites a lo que se puede ver. Distancias que en una ciudad grande son cortas. Esto es algo que no entiende la gente que ha vivido cerca del mar. Esa mirada que echas hasta perder el horizonte, hasta confundir el agua con el cielo.

En Cáceres, en cambio, si te esfuerzas puedes ver el infinito. No tiene mar ni agua, pero si tiene una explanada que se alarga y se prolonga tantos kilómetros que hace que el ojo humano mezcle los colores del cielo con la tierra. Es la magia de la meseta de la península Ibérica, que genera esa sensación de sentirse tan pequeño, incluso dentro de una ciudad diminuta.

Hace poco me di cuenta de que llevo sin subir lo que escribo más de un año. El tiempo también pasa infinitamente rápido, al igual que las personas cambian infinitamente rápido. Miras atrás y ¡zas! Eras otro. Quizás, creciendo me ha ido dando más igual lo que piense la gente de lo que escribo y en consecuencia, me ha dado pereza subirlo. Pero es cierto que eso contradice la razón por la que escribo. Y es que resulta que la escritura debe ser sincera. Debes desnudar tus sentimientos sin importar lo que otros puedan pensar al leerte. Cada uno puede entender lo que quiera acorde a sus gustos y a mi, lo que me importa es si me gusta escribir o no.

Escribir es algo finito. Tristemente no podemos escribir todo y no tenemos tiempo infinito para escribirlo todo. Mientras que un concepto no tiene límites, el otro, a escala humana, tiene años, días, minutos y segundos que transcurren lentamente hasta que echas la vista atrás. Y la realidad es que hay muchísimas ideas, casi infinitas, que se han perdido por no darle el tiempo necesario para que se mantengan en un soporte. En parte de eso habla la obra de Irene Vallejo (el infinito en un junco), de como toda la historia de la humanidad habría podido ser recopilada para la posteridad y tan solo tenemos un cubo de agua de todo un océano.

Sin embargo, me considero una persona positiva. Infinitamente positivo. Siempre podemos sacar lo mejor de nosotros. Tenemos fin, pero las experiencias, los éxitos, las derrotas, incluso las pequeñas decisiones diarias que tomamos van esculpiendo quiénes somos. Ese es el momento de mirar al infinito; cuando los humanos nos asustamos, cuando vivimos en la incertidumbre. Los que tengan mar que miren al mar, los que tengan tierra que miren el horizonte y los que no, pues miraremos el cielo, o incluso la ropa tendida del vecino. Reflexionamos de lo eterno, de lo ilimitado, de algo que no tendremos, de algo que si los dioses existieran envidiarían de los humanos, pues mirar al infinito es lo que revela nuestro interior. Es la idea de trascender el tiempo y el espacio, de imaginarnos en mil futuros diferentes, ese miedo que despierta en nosotros una sensación de humildad y grandeza.

Claro que voy a seguir escribiendo. Mis ideas no son infinitas, pero soy un torbellino que no puede pararse quieto. Claro que voy a seguir rallándome infinitamente en infinidades de ocasiones. Ni que fuera a pararnos eso. Siempre tendré algo que hacer, y más ahora que vivo en la incertidumbre. Y claro que voy a subir de vez en cuando algo de lo que escriba. Aunque últimamente sea más aburrido y personal. Total, es mi blog, ni que me ganase la vida con esto. El día que me pague un café escribiendo mis estupideces subiré hasta las recetas de cocina que me hago en un piso de estudiantes.





Enrique Pérez Gutiérrez

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