Hoy al salir de la facultad he
decidido no tomar el camino de siempre, desviarme, coger el camino largo, el iluminado,
un camino que me obliga a mirar a los lados, fijarme en los detalles de la
ciudad y me evade de la rutina. Hoy he decidido ver Sevilla en la noche de un
miércoles con los auriculares al máximo volumen.
¡Qué bonita la ciudad! Sus calles
céntricas peatonales, la catedral gótica, el ayuntamiento, la Avenida de la
Constitución, la plaza de la Encarnación, la facultad de Bellas Artes, la
iluminación de las fachadas antiguas en contraste con las modernas, la tranquilidad
de sus calles, el cielo sucio con un color carmesí oscuro que esconde las estrellas
y refleja una luna pálida y débil. Conforme me acerco a mi casa, la ciudad cambia, los edificios se
vuelven menos monumentales, las fachadas sin pintar y simples miran a través de
unas ventanas tristes las ventanas de la calle paralela y empiezas a sentir la
paz del barrio.
A la par que camino voy pensando
en la universidad, no me siento agobiado, estoy feliz con la elección que hice
hace tres años, puede que esté engañándome a mí mismo, pero por ahora, aunque
no todo esté saliendo como debe salir, va saliendo. Me he acordado mucho de mis
abuelos, de mi hermana, de mis padres y de mi amigo Carlos. Mirando las tiendas
he pensado en cuál podría ser el regalo de mi amigo invisible y en qué hacer
con mis escasos ahorros estas navidades. He pensado en mis amigos y en la
suerte que tengo con ellos. Me he preocupado por el futuro con ellos y debo ser un inmaduro por pensar esto, pero por ahora son uno de mis apoyos más importantes, los necesito y no me quiero imaginar no estar juntos. No es un futuro lejano, muchos de
ellos son muy buenos estudiantes y terminan la carrera este año, tendrán que
hacer prácticas fuera de Sevilla, se irán de Erasmus e incluso con mucha suerte
se pondrán a trabajar. Al menos tengo el consuelo de que otros son más vagos y
están estancados en la rutina de la ciudad junto a mí.
Así llego a mi casa y acabo por
preguntarme de quién estoy más enamorado, si de las luces de la ciudad o de con
quién estoy bajo esas luces.
Enrique Pérez Gutiérrez

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